El acceso al financiamiento continúa siendo un desafío crítico para muchas mujeres emprendedoras, una situación que se agrava aún más en comparación con sus contrapartes masculinas. La historia de una madre soltera que intenta obtener un préstamo para iniciar su negocio de cuidado es un claro reflejo de esta realidad. Con un plan de negocio atractivo pero sin el colateral necesario, su sueño de contribuir positivamente a su comunidad se ve frustrado, un desenlace que no es aislado.
A pesar de los avances en áreas como la educación y el empleo, la brecha de financiamiento para mujeres emprendedoras ha sido un problema persistente. En 2017, se estimó que esta brecha global era de 1.7 billones de dólares al año, y casi una década después, la situación sigue siendo la misma. Existen múltiples explicaciones para este fenómeno, especialmente en un contexto donde el potencial de las mujeres para generar crecimiento en la economía local es significativo.
Un sistema no diseñado para mujeres
La brecha de financiamiento no refleja la capacidad emprendedora de las mujeres, sino que resalta los obstáculos estructurales a los que se enfrentan. Estos incluyen limitaciones para acceder a productos financieros adaptados a sus necesidades y redes restringidas que faciliten el acceso al capital, mentoría y mercados. Sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que las mujeres emprendedoras utilizan el capital de manera eficiente, generando 78 centavos de ingresos por cada dólar recaudado, en comparación con solo 31 centavos en negocios liderados por hombres.
Las empresas dirigidas por mujeres no solo prometen retornos financieros, sino que también generan efectos positivos en el empleo y la economía local. Se estima que las mujeres reinvierten hasta el 90% de sus ingresos en sus familias y comunidades, lo que se traduce en un aumento del gasto en educación, salud y nutrición. Abrir caminos de acceso al capital para las emprendedoras réditos no solo para ellas, sino también para los empleos que crean y las comunidades que benefician.
Es crucial reconocer que el valor de estas empresas va más allá de los números en un balance. La manera en que las instituciones financieras evalúan y definen el «valor» necesita ser reevaluada para incluir el impacto social y comunitario que generan estas emprendedoras.
El papel de la filantropía
La filantropía tiene un rol vital en respaldar a las mujeres emprendedoras que siguen siendo subatendidas por el ecosistema de inversión. Más allá de proporcionar capital, es fundamental ofrecer apoyo para el desarrollo de capacidades que les permita iniciar y escalar sus negocios con éxito. La Cherie Blair Foundation for Women, por ejemplo, se centra en cerrar la brecha de género en el emprendimiento mediante programas que abordan la preparación financiera, el crecimiento empresarial y la mentoría individual.
Además, el sector empresarial también debe asumir un papel activo. La iniciativa del Pacto Mundial de las Naciones Unidas establece que el sector privado debe ampliar el acceso de las mujeres al capital, los mercados y las oportunidades de liderazgo. Esto requiere proporcionar herramientas prácticas y evidencia que integren las empresas lideradas por mujeres en las cadenas de suministro y ecosistemas financieros globales.
No todas las emprendedoras enfrentan las mismas barreras. Especialmente las madres solteras, que deben equilibrar la creación de negocios con responsabilidades familiares y laborales. Por este motivo, es esencial desarrollar programas y soluciones adaptadas a sus circunstancias únicas, como lo hace The Acceleration Project (TAP) al ofrecer programas de mentoría y estrategia a dueñas de pequeños negocios.
Incorporando al sector privado
La realidad es que la historia de la madre soltera que busca un préstamo es emblemática de cómo el sistema a menudo no considera las circunstancias particulares de las mujeres emprendedoras. Si bien la filantropía puede iniciar cambios necesarios, el avance real solo se logrará con la participación activa del sector privado. Es crucial replantear las estructuras de apoyo para que las mujeres no solo sobrevivan en el mundo empresarial, sino que también prosperen. Cuando invirtamos en emprendedoras, las comunidades y economías podrán cosechar los beneficios sustanciales que estas empresas aportan.
