La gestión de la optimismo en tiempos difíciles es una habilidad esencial para los líderes y emprendedores. Michelle Gielan, investigadora de psicología positiva y ex ancla de CBS, ha compartido en su obra «Resilient Optimism» estrategias clave para cultivar una mentalidad positiva cuando las circunstancias son adversas. A continuación, se presentan cinco insights fundamentales que pueden transformar la manera en que enfrentamos los desafíos en el entorno laboral y personal.
La Naturaleza del Optimismo
Una de las ideas más erróneas es considerar el optimismo simplemente como un sentimiento. Gielan enfatiza que “el optimismo es un comportamiento, no una emoción”. En momentos de crisis, muchas veces no podemos sentir optimismo, pero sí podemos actuar de manera que lo fomentemos. Un ejemplo de esto es la historia de un líder que, ante el fracaso de un lanzamiento de energía renovable, encontró una forma de reestructurar sus rutinas diarias para enfocarse en los pequeños progresos en lugar de los fracasos. Así, en lugar de centrarse en el desánimo, se concentró en cada paso positivo tomado por su equipo, lo que permitió superar una crisis imprevista.
El Poder de Ver lo que Funciona
El cerebro humano tiende a detectar problemas, lo cual es útil en situaciones críticas, pero no tanto cuando se maneja un equipo o proyecto. Gielan enumera la importancia de no comenzar desde el lugar del defecto. Las investigaciones han demostrado que comenzar el día con noticias negativas puede afectar significativamente nuestro estado de ánimo y desempeño. En lugar de ello, propone un simple ejercicio: al final del día, escribir tres cosas que funcionaron. Este hábito ayuda a reprogramar la percepción, centrándose en el progreso en vez de en las dificultades.
Reinterpretando el Estrés
Otro punto crucial que Gielan expone es que el estrés no es inherentemente negativo; puede ser una señal valiosa. En un estudio realizado con ejecutivos, aquellos que aprendieron a reinterpretar su relación con el estrés experimentaron una disminución en los síntomas relacionados con él. La tensión puede ser un indicativo de lo que valoramos, y entender su origen puede facilitar una respuesta más adecuada. Transformar la percepción del estrés puede ser un factor decisivo en la mejora del desempeño y bienestar personal.
Priorizar lo Importante
Gielan también subraya que no se puede hacer todo, y es crucial elegir lo que realmente importa. A menudo, la sensación de haber trabajado arduamente sin lograr avances significativos puede desinflar el optimismo. Para contrarrestar esto, sugiere una estrategia denominada «Triage de Compromiso», la cual consiste en categorizar las tareas en tres grupos: el trabajo de mayor impacto, trabajos secundarios y la lista de las cosas a no hacer. Esta práctica permite enfocarse en lo verdaderamente relevante, ayudando a mantener una energía positiva y productiva.
La Influencia Colectiva del Optimismo
Finalmente, Gielan resalta que el optimismo tiene un efecto dominó. No se limita a beneficiar a una sola persona, sino que impacta el entorno y la cultura organizacional. La reducción en la expresión de ideas optimistas entre las personas puede llevar a un ambiente menos colaborativo. Promover un espacio donde se valoren las buenas ideas y los pequeños logros puede mejorar notablemente el clima laboral. Un simple comentario de apoyo puede ser el catalizador que transforme la dinámica del trabajo en equipo.
Al poner en práctica estos principios, los emprendedores y líderes pueden no solo mantener su optimismo, sino también propagarlo entre sus equipos, creando así un ambiente más resiliente y productivo. Adoptar el optimismo como un comportamiento y no solo como un sentimiento, junto con un enfoque en lo que funciona y un manejo adecuado del estrés, son pasos clave hacia el éxito en tiempos inciertos.
