Las ciudades de Nueva York y Los Ángeles han tomado la decisión de pausar el uso de inteligencia artificial generativa en las escuelas durante un año, afectando a casi 600,000 estudiantes en total. Esta medida, implementada con la intención de reflexionar sobre la introducción de nuevas tecnologías en el ámbito educativo, responde a las crecientes preocupaciones de padres y educadores sobre el impacto potencial de estas herramientas no probadas en el aprendizaje de los alumnos.
El canciller escolar de Nueva York, Kamar Samuels, subrayó que la innovación no siempre implica la adopción de más tecnología. Se busca, en cambio, que el avance tecnológico sirva como herramienta para potenciar el aprendizaje, no al revés. Esta visión plantea un interrogante fundamental: ¿de dónde provendrá la evidencia que sustente una integración segura y efectiva de la IA en la educación?
La adopción supera a la evidencia
Un dato alarmante es que aunque el 60% de los docentes ya utiliza IA en su trabajo, el 82% no ha recibido formación formal sobre su aplicación. Además, solo el 50% de las escuelas secundarias y preparatorias cuentan con políticas claras relacionadas con la inteligencia artificial, y de estas, apenas el 6% de los profesores considera que dichas normas son comprensibles. Esto se traduce en una creciente desconfianza hacia la IA entre algunos estudiantes de la Generación Z, donde el 31% reporta estar enojado con esta tecnología, lo que representa un aumento con respecto al año anterior.
A pesar de las restricciones en los entornos escolares, el uso de IA entre adolescentes es notable. Una encuesta revela que el 91% de los jóvenes de 13 a 15 años emplean inteligencia artificial para tareas escolares. A medida que el 21% de los adultos ya la utiliza en el trabajo, se vuelve imperativo que los estudiantes comprendan el papel cada vez mayor de la IA en sus futuras trayectorias profesionales.
La incertidumbre respecto a cuándo la IA mejora el aprendizaje y cuándo lo obstaculiza plantea serios desafíos para la formulación de políticas educativas adecuadas. Sin una base de evidencia sólida, resulta complicado establecer normativas, capacitar a los educadores o tomar decisiones de compra informadas.
El papel del gobierno federal
Ante esta situación, existe una oportunidad para que tanto el Congreso como la administración federal tomen medidas que garanticen un enfoque riguroso y basado en la evidencia. Un grupo de expertos ha propuesto recomendaciones que incluyen crear un centro nacional para el desarrollo de nuevas metodologías educativas mediante IA, similar al modelo de la DARPA, que impulsó la creación de internet. Este centro se dedicaría a investigar y probar innovaciones en enseñanza y aprendizaje.
Las sugerencias clave son:
- Promover el estudio de herramientas de IA con datos robustos: Iniciativas como los pilotos de IA que planea Nueva York permitirán evaluar su efectividad en contextos reales.
- Evaluar lo que aprenden los estudiantes: Las investigaciones deben medir el rendimiento estudiantil antes y después de la implementación de herramientas de IA, asegurando que el aprendizaje perdure incluso sin el uso de estas tecnologías.
- Proveer herramientas de evaluación comunes: Es necesario que los distritos cuenten con un estándar claro para evaluar la seguridad, efectividad y ética de las herramientas de IA, alineándose con marcos existentes, como el de la NIST.
El tiempo corre
El plazo de un año marcado por Nueva York no es meramente cronológico; es una ventana para comprender cómo la IA puede afectar a los estudiantes. Otros distritos están siguiendo este modelo, pero la investigación debe ser a gran escala y no limitada a contextos urbanos o a una sola institución.
Invertir en infraestructura de investigación federal ahora permitirá construir una base de evidencia confiable que garantice que todos los estudiantes que regresen a clase en 2027 tengan acceso a herramientas de aprendizaje que realmente funcionen y beneficien su educación.
