El desafío ambiental que representa el almacenamiento de desechos industriales se cierne sobre la industria del aluminio, donde más de 3 mil millones de toneladas de lodos rojos, un subproducto del proceso de refinación, están acumulados en estanques y montículos. Sin embargo, Sumedh Gostu, cofundador y CEO de Fast Metals, ve en esta situación una oportunidad valiosa. A su juicio, este desecho caustico puede transformarse en un recurso lucrativo si se aplica la química adecuada.
Fast Metals ha logrado captar la atención de inversores importantes al asegurar 4.3 millones de dólares en una ronda de financiación pre-semilla, liderada por New Climate Ventures y con la participación de Azolla Ventures, Astor Swiss y la aceleradora Founders Factory de Rio Tinto. El capital recaudado se destinará a escalar el proceso que utiliza para extraer minerales valiosos del lodo rojo.
El característico color vermellón del lodo se debe en gran parte al óxido de hierro, que es el compuesto más abundante, pero también esconde minerales críticos como el titanio, el aluminio y elementos de tierras raras. A pesar de su riqueza mineral, la extracción de estos ha sido históricamente ignorada, debido a los altos costos asociados con la separación de los minerales del óxido de hierro. “Estamos eliminando ese impedimento”, afirma Gostu.
El proceso que ha diseñado Gostu, basado en sus estudios de doctorado en la Escuela de Minas de Colorado, se basa en un enfoque innovador. Durante una conversación con su cofundador Anthony Staley, se dieron cuenta de que podían integrar otro flujo de desechos, lo que hacía que el proceso fuese más económico y eficiente. Actualmente, Fast Metals aplica esta corriente de desechos, junto con otros productos químicos, al lodo rojo a través de seis pasos distintos, logrando así que diferentes minerales precipiten a lo largo del proceso. Cada uno de estos minerales puede ser comercializado.
Según Gostu, “el hierro financia los costos operativos, y lo adicional se convierte en ganancias”. Estas ganancias pueden ser substanciales, dado que el dióxido de titanio se cotiza entre 2.50 y 3 dólares por kilogramo, mientras que el óxido de escandio alcanza los 750 dólares por kilogramo. Las proyecciones indican que, con este modelo, Fast Metals puede posicionarse como un jugador fundamental en la economía circular de los recursos minerales.
Con un contrato comercial establecido con Metalox, un procesador mineral, la startup planea comenzar a tratar una tonelada de lodo rojo y residuos de refinería por semana más adelante este año. La visión de Fast Metals no solo es captar el valor oculto en los desechos, sino también contribuir a un manejo ambiental más sostenible de los productos industriales.
