Moody's reafirma la calificación crediticia de Francia ante la inestabilidad política y el descontento social.

Moody’s reafirma la calificación crediticia de Francia ante la inestabilidad política y el descontento social.

Francia se encuentra inmersa en un contexto de creciente tensión económica y social, donde la presión sobre su deuda soberana se ha intensificado. La reciente decisión de la agencia de calificación Moody’s de mantener la calificación de la deuda del país en Aa3 con perspectiva negativa ha desatado diversas reacciones entre los analistas y el Gobierno. Mientras algunos habían pronosticado un posible recorte en la nota crediticia, Moody’s decidió no alinearse con estas expectativas, reflejando la complejidad de la situación financiera francesa.

A finales de agosto, antes de que las protestas sociales se desataran en varias ciudades, Fitch había mantenido su calificación de la deuda pública en A+ con una perspectiva estable. Sin embargo, en septiembre, Scope Ratings realizó un ajuste a la baja de su calificación a largo plazo, citando el creciente nivel de deuda pública y unos déficit fiscales elevados que dificultan la implementación de reformas estructurales. A pesar de este sombrío panorama, Moody’s destaca el potencial de la economía francesa, caracterizada como “próspera y diversificada”, aunque advierte sobre los desafíos que representa el déficit fiscal persistente.

Desafíos económicos y sociales

El Gobierno francés, liderado por el primer ministro Sébastien Lecornu, ha defendido su política fiscal argumentando que el presupuesto presentado para 2027 incluye un enfoque disciplinado que busca reducir la deuda y satisfacer las exigencias de Acreedores. Sin embargo, la incertidumbre política y social en el país, agravada por un parlamento dividido, también ha generado dudas sobre la capacidad del Ejecutivo para implementar su agenda económica.

Este año, Francia cerrará con un déficit del 5,4% del PIB, superando los criterios de Bruselas, y se espera que la deuda pública alcance un alarmante 119% del PIB. La economía, que apenas avanzará un 0,3% en 2023, sigue siendo un punto de preocupación. Las movilizaciones sociales en contra del coste de vida y la percepción de un sistema fiscal injusto han llevado a un clima de descontento, agravado por el desempleo y la erosión del poder adquisitivo.

Adicionalmente, los rendimientos de los bonos a diez años han mostrado un alarmante aumento, escalando desde un 3,2% en febrero hasta un 5,04% recientemente, reflejando la creciente percepción de riesgo. Este incremento ha ampliado la prima de riesgo del país frente a Alemania, alcanzando niveles no vistos desde 2011. Lars Conrad, director de renta fija en una firma financiera, ha señalado que este comportamiento inequívoco sugiere un clima complicado para las autoridades francesas.

La incertidumbre continúa extendiéndose, especialmente con las próximas elecciones presidenciales previstas para la primavera de 2027. Con la posibilidad de que partidos políticos de extrema derecha, como el de Marine Le Pen, ganen protagonismo, los analistas observan condiciones que podrían agravar aún más los desafíos económicos y sociales. Esta fragmentación ofrece pocas garantías sobre la viabilidad de futuras políticas fiscales y reformas necesarias para estabilizar la situación del país.

Mientras las protestas y el descontento ciudadano persisten, el Gobierno deberá navegar con cuidado entre la presión social y la necesidad de ajustes económicos para recuperar la confianza de inversores y asegurar un futuro fiscal sostenible.