La evolución de la información corporativa no financiera, especialmente en la gestión de riesgos climáticos, ha cobrado gran relevancia en el ámbito empresarial en los últimos años. Este cambio se ha impulsado en gran parte gracias a la presión de inversores y organismos reguladores que exigen datos precisos y transparentes sobre las emisiones de carbono y otros indicadores ambientales.
La regulación de la divulgación de estas informaciones ha ido aumentando desde que BlackRock, una de las mayores gestoras de activos del mundo, empezó a exigirla hace seis años. Normativas como la CSRD en Europa y la Ley 11/2018 en España han establecido estándares más altos en cuanto a la presentación de datos no financieros. Sin embargo, recientemente, se han observado intentos de aliviar estas exigencias, como es el caso del Paquete Ómnibus, que busca reducir la carga burocrática.
Los inversores buscan información fiable, comparable y transparente para tomar decisiones informadas. Sin embargo, un reciente estudio de MSCI ha revelado que la mayoría de los informes sobre emisiones de carbono presentan inconsistencias y carecen de información clave. Analizando cerca de 98,000 declaraciones anuales sobre emisiones y 61,000 objetivos climáticos de aproximadamente 11,000 empresas cotizadas, el informe subraya que los datos climáticos son a menudo difíciles de interpretar, lo que complica su uso efectivo en la toma de decisiones de inversión.
Desfase en la información reportada
El análisis de MSCI ha destacado múltiples lagunas y faltas de consistencia en la divulgación de emisiones, que se clasifican en tres Alcances: Alcance 1, Alcance 2 y Alcance 3, que abarcan respectivamente las emisiones directas de una empresa, las emisiones indirectas asociadas con la producción de la energía utilizada y las emisiones a lo largo de la cadena de valor.
Aproximadamente un 36% de las empresas no especifican si sus informes de Alcance 1 y 2 reflejan todas las operaciones o solo actividades seleccionadas. Por otro lado, alrededor del 56% de los objetivos climáticos no comunican claramente qué porcentaje de las emisiones están siendo abordadas, siendo crucial esta información para evaluar la ambición de los objetivos propuestos. También se ha observado que casi el 47% de los reportes de Alcance 2 no aclaran el método utilizado para su cálculo, lo que puede influir significativamente en los resultados reportados.
Un 8,7% de las divulgaciones muestra discrepancias entre la suma de Alcance 1 y Alcance 2 y el total reportado, lo que denota la variabilidad en los enfoques de contabilidad de carbono adoptados por las empresas. Además, en muchos casos no se especifica la cobertura del Alcance 3 al presentar objetivos de reducción de emisiones, lo que añade otra capa de confusión a la interpretación de estos datos.
Según Tanguy Séné, director ejecutivo de MSCI Research & Development, el desafío no radica solo en extraer información sobre el cambio climático, sino en transformar estos informes en datos útiles, fiables y listos para la inversión. Esto requerirá un equilibrio adecuado entre la tecnología —como la inteligencia artificial— y el juicio humano, para que la información sea realmente valiosa para los inversores.
En medio de este panorama, la reciente reversión de normativas en el Reino Unido ha suscitado preocupación entre los inversores, quienes temen quedar sin acceso a datos completos y comparables. Mientras tanto, en España, la mayoría de las empresas, un 72%, no han aplicado recortes en el alcance de sus informes, según encuestas recientes.
La búsqueda de una mayor transparencia en la divulgación de datos climáticos se presenta como una necesidad imperante en el contexto empresarial actual, donde la sostenibilidad y el compromiso con el medio ambiente son valores fundamentales que no deben ser ignorados.
