El mercado de bonos estadounidenses se encuentra en un notable periodo de turbulencia, preludio de la reunión de la Reserva Federal (Fed) que se llevará a cabo el miércoles. Los inversores han comenzado a acumular posiciones bajistas, anticipando que la reciente venta de bonos del Tesoro, que ha elevado las rentabilidades a niveles no vistos en casi dos décadas, continuarán en ascenso.
La rentabilidad del bono a diez años alcanzó el martes su máximo desde 2007, reflejando las crecientes expectativas de que la Fed tome la decisión de aumentar los tipos de interés en medio de preocupaciones sobre la inflación. Entonces la rentabilidad del bono a dos años también registró su nivel más alto desde 2024, aunque las rentabilidades de los bonos estadounidenses comenzaron a descender el miércoles.
Según información de la encuesta de JPMorgan, el mercado refleja una clara inclinación hacia una mayor debilidad de los bonos, con un bajo interés en adquirir bonos durante los descensos. Esta última semana, los operadores han intensificado sus apuestas cortas al ritmo más acelerado desde principios de 2025, una tendencia que ha sido corroborada por el aumento de posiciones cortas en los futuros de bonos del Tesoro.
El contexto es de gran relevancia, ya que se estima que existe una probabilidad superior al 90% de que la Fed decida aumentar las tasas, lo que ha llevado a los operadores a posicionarse estratégicamente en el mercado. Factores como el incremento en los precios del petróleo debido a conflictos geopolíticos, señales de un repunte en la inflación y preocupaciones sobre la sostenibilidad presupuestaria han reforzado esta expectativa. Jason Thomas, responsable de investigación y estrategia de inversión de Carlyle, destacó la presión creciente sobre la Fed para implementar un aumento de 25 puntos básicos y cumplir con su mandato de estabilidad de precios.
El impacto del aumento en las rentabilidades
La falta de un aumento en los tipos o una comunicación poco clara sobre futuros incrementos podría llevar a los inversores a exigir rentabilidades más altas en bonos a largo plazo, como forma de protección frente a la inflación. Además, esto podría presionar a la baja las rentabilidades de los bonos a corto plazo, que son más susceptibles a la política monetaria de la Fed.
Algunos operadores están tomando posiciones anticipadas para mitigar este riesgo. Recientemente, se ha notado un aumento en la demanda de opciones a corto plazo, particularmente en relación con futuros vinculados al Secured Overnight Financing Rate (SOFR), un indicador crucial influenciado por las decisiones de la Fed. Esta estrategia sugiere que el mercado está tratando de protegerse ante posibles subidas de tipos en el futuro próximo.
En la última semana, el posicionamiento en el mercado ha mostrado un claro sesgo bajista, con un incremento significativo de posiciones cortas a lo largo de la curva de rendimientos. Los gestores de activos han tendido a reducir sus posiciones largas o han adoptado nuevas posiciones cortas, mientras que hay una notable ausencia de compras durante las caídas.
Conforme avanza la semana, los clientes de JPMorgan han incrementado sus posiciones cortas, que ahora se sitúan en un 14% tras un aumento de 10 puntos porcentuales. Esta tendencia indica un nivel reducido de posiciones largas netas en aproximadamente cuatro meses.
En el segmento de opciones, se han registrado cantidades significativas de nuevo riesgo, especialmente en contratos que vencerán en junio de 2027. Esto incluye una combinación de unos 80.000 contratos, con una prima superior a 100 millones de dólares, indicando una creciente expectativa de futuras subidas de tipos.
A medida que se acercan las decisiones de la Fed, el interés por las opciones que cubren futuros del Tesoro de largo plazo sigue favoreciendo a las opciones de venta, lo que sugiere un enfoque estratégico ante la posibilidad de futuras caídas. La situación actual del mercado refleja un delicado equilibrio entre la expectativa de una política monetaria más restrictiva y la necesidad de los inversores de proteger sus activos frente a un entorno inflacionario cada vez más apremiante.
