La Zona de Emisiones Ultra Bajas de Londres mejora la calidad del aire y favorece el crecimiento pulmonar en niños.

La Zona de Emisiones Ultra Bajas de Londres mejora la calidad del aire y favorece el crecimiento pulmonar en niños.

En Londres, la implementación de la Zona de Emisiones Ultra Bajas (ULEZ) ha marcado un importante cambio en la calidad del aire de la ciudad, con efectos positivos que van más allá de lo esperado. Esta iniciativa ha reducido significativamente los niveles de contaminación por el tráfico, lo que ha incentivado a los conductores a optar por vehículos más limpios. Según un estudio reciente, los resultados no solo son favorables para el medio ambiente, sino que también se han traducido en mejoras en la salud infantil.

Antes de la implementación de la ULEZ, un estudio de 2018 reveló que los niños londinenses mostraban un crecimiento pulmonar limitado debido a la exposición a niveles elevados de contaminación. Esta preocupación se intensificó dado que la contaminación del aire afecta el desarrollo pulmonar, incrementando riesgos de enfermedades como el asma y otros trastornos respiratorios en la edad adulta.

Sin embargo, un informe publicado en la reconocida revista Lancet Public Health ha documentado mejoras notables en la salud respiratoria de los niños en Londres después de cinco años de ULEZ. El profesor Chris Griffiths, investigador principal de la Facultad de Medicina de la Universidad Queen Mary de Londres, califica estos resultados de «asombrosos».

Resultados sorprendentes

El estudio, que realizó un seguimiento del desarrollo pulmonar de más de 3,400 niños de entre 6 y 9 años, comparó datos de Londres con los de Luton, otra ciudad inglesa que presenta un perfil de contaminación similar pero sin restricciones de emisiones. Antes de la ULEZ, los niños londinenses tenían pulmones más pequeños en comparación a sus compañeros de Luton. Curiosamente, al cabo de cinco años, esa diferencia se había nivelado, alcanzando así el mismo tamaño pulmonar medido por el volumen espiratorio forzado en un segundo.

La proporción de niños londinenses con función pulmonar clínicamente deteriorada también mostró una disminución significativa, pasando del 14% al 9%, mientras que en Luton esta cifra pasó del 9% al 7%. Griffiths describe este hallazgo como un «momento sorprendente», evidenciando que iniciativas de salud pública pueden tener un impacto positivo tangible.

Un experimento natural

Los contaminantes del tráfico, en particular el dióxido de nitrógeno (NO2), son una de las principales fuentes de problema en la salud respiratoria infantil. Tras la implementación de la ULEZ, se constató que la exposición de los niños londinenses al NO2 disminuyó mucho más rápidamente que en Luton. Esto se tradujo en un aumento de 10 mililitros anuales en su capacidad pulmonar, medida en el mismo período.

A pesar de la significativa correlación observada, Griffiths advierte sobre la dificultad de establecer una relación de causalidad clara debido a la naturaleza del estudio, que no fue un ensayo aleatorio. Sin embargo, los datos son lo suficientemente concluyentes como para sugerir que la reducción de contaminación ha beneficiado el desarrollo de los pulmones de los niños.

Zonas de aire limpio para una mejor salud

La contaminación del aire es actualmente la principal causa ambiental de mortalidad, vinculada a aproximadamente 8 millones de muertes prematuras al año. Este contexto hace que la salud pulmonar de los niños sea vital, ya que la existencia de pulmones dañados al llegar a la adultez los hace más vulnerables a diversas enfermedades.

El caso de Londres es especialmente significativo, dado que la ULEZ ha sido impulsada por preocupaciones sobre la salud infantil, subrayadas por el trágico caso de Ella Kissi-Debrah, quien falleció a causa de problemas respiratorios relacionados con la contaminación. A pesar de los avances logrados, Londres aún no cumple con los estándares de calidad del aire establecidos por la Organización Mundial de la Salud, lo que resalta la necesidad de continuar con acciones efectivas.

El estudio de Griffiths no solo ofrece evidencia de cómo las políticas de aire limpio pueden mejorar la salud pública, sino que también establece un precedente para otras ciudades del mundo que enfrentan problemas similares. Promover zonas de aire limpio es, en última instancia, una inversión en el futuro de la salud infantil y en la calidad de vida de las comunidades.