El reciente movimiento de Wall Street para clasificar los chips de inteligencia artificial como una nueva clase de activo ha suscitado críticas entre inversores destacados. Jeff Gundlach, director ejecutivo y director de inversiones de DoubleLine Capital, expresó sus preocupaciones sobre esta estrategia, sugiriendo que podría ser una señal de que los mercados de riesgo están alcanzando un punto máximo.
Nvidia, conocido fabricante de chips, anunció alianzas con seis importantes entidades financieras, incluyendo BlackRock y Goldman Sachs, para movilizar más de 500,000 millones de dólares destinados a la infraestructura de inteligencia artificial. A través de memorandos de entendimiento, la tecnológica pretende facilitar a sus clientes el acceso a estos chips y a «fábricas de IA» que, según ellos, son inversiones adecuadas para inversores institucionales.
Sin embargo, Gundlach cuestionó la viabilidad de utilizar tecnología en constante evolución como garantía para préstamos a largo plazo. En un comentario en redes sociales, se mostró escéptico sobre la idea de respaldar deudas a largo plazo con activos cuya longevidad y valor son inciertos. Comparó esta estrategia con emitir valores respaldados por almacenes de productos perecederos, indicando que la rápida obsolescencia de los chips podría generar problemas en el retorno de la inversión.
El principal argumento de Gundlach se basa en la discrepancia entre la duración de la deuda y el tiempo de vida útil de los chips. Aunque estos procesadores de IA pueden generar ingresos significativos en períodos de alta demanda, la rápida evolución tecnológica plantea dudas sobre si su valor se mantendrá hasta que se salden los préstamos asociados a ellos.
En un contexto similar, Mark Cuban realizó una declaración provocativa al sugerir que los chips podrían convertirse en «la nueva criptomoneda» en términos de volatilidad e incertidumbre en el mercado. Las advertencias de Gundlach resonan con las preocupaciones expresadas por otros inversores como Michael Burry, conocido por su enfoque crítico sobre la inflación existente en el sector de la inteligencia artificial, afirmando que las inversiones en microchips están sobrevaloradas y corren el riesgo de quedarse obsoletas rápidamente.
A medida que la industria de la inteligencia artificial continúa creciendo y evolucionando, los inversores deben considerar con cautela las implicaciones de considerar los chips como una clase de activo y las repercusiones que esto podría tener en los mercados financieros a largo plazo.
