El estrecho de Ormuz sigue siendo foco de tensiones geopolíticas, a más de cinco meses del inicio de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán. Este paso marítimo es crucial, ya que antes del conflicto permitía el tránsito de más del 20% del petróleo mundial. En este contexto, Teherán busca establecer condiciones que le otorguen un control significativo sobre la navegación en la zona, una medida que ha tensado aún más las relaciones con Washington y Arabia Saudita.
Desde el comienzo de las hostilidades en febrero, el tráfico marítimo en Ormuz se ha visto gravemente afectado. A pesar de que Irán afirma que está dispuesto a negociar y ha mostrado flexibilidad en sus posiciones, las conversaciones con Omán, otro país con costa en el estrecho, revelan que sigue insistiendo en tener supervisión sobre el tráfico en la zona, además de la recaudación de tasas por servicios relacionados con la seguridad y el medio ambiente.
Las acciones de Teherán, como los ataques a barcos que no coordinan su paso por el estrecho, han contribuido a la escalada del conflicto, lo que llevó a una respuesta militar estadounidense. El presidente Donald Trump ha amenazado con abrir el estrecho por la fuerza si no se alcanza un acuerdo pronto que permita la navegación libre, una opción que su administración no descarta.
A pesar de la presión militar y política, la situación en el área de Ormuz es tensa. Solo se registraron ocho cruces de buques en el estrecho durante días recientes, en comparación con las 140 naves que pasaban diariamente antes del inicio de la guerra. Este drástico descenso en la actividad marítima ha impactado la estabilidad del mercado del petróleo, con el precio del crudo Brent fluctuando cerca de los 80 dólares por barril, tras haber alcanzado precios de tres cifras anteriormente.
Negociaciones y Soberanía
En el proceso de negociación con Omán, Irán argumenta que el manejo del estrecho es una cuestión de soberanía. Según fuentes cercanas a las conversaciones, Teherán exige controlar el tráfico marítimo de entrada y salida, condicionando cualquier movimiento a que se notifique previamente a las autoridades iraníes. Esto sugiere un modelo de administración compartida, con la posibilidad de que las fuerzas iraníes mantengan una vigilancia constante.
Las propuestas de Irán también incluyen la apertura de un corredor intermedio, donde se podrían cobrar tasas, aunque las condiciones exactas han generado fricciones. Tanto los estadounidenses como los iraníes son cautelosos, ya que ambos buscan no ceder primero en este tira y afloja diplomático. En este sentido, Trump enfrenta un escenario complicado, con las próximas elecciones de medio mandato en el horizonte y un creciente descontento sobre su estrategia en la región.
Por su parte, las sanciones y el bloqueo de puertos por parte de EE.UU. están generando pérdidas significativas para Irán, estimadas en más de 200 millones de euros diarios, según declaraciones de expertos en materia de defensa. La naturaleza de cualquier posible acuerdo es delicada, ya que establecer peajes o tarifas altas podrían contradecir la Convención de la Ley del Mar de Naciones Unidas y crear un peligroso precedente a nivel global.
