Ecologistas y sector de energías renovables cuestionan el cumplimiento del cierre de centrales nucleares tras la extensión de Almaraz

Ecologistas y sector de energías renovables cuestionan el cumplimiento del cierre de centrales nucleares tras la extensión de Almaraz

La reciente decisión del Ministerio para la Transición Ecológica de ampliar la vida operativa de la central nuclear de Almaraz hasta junio de 2030 ha generado un intenso debate sobre el futuro de la energía nuclear en España. Esta prórroga, aunque no afectará directamente a otras instalaciones nucleares, puede tener repercusiones significativas en la planificación energética del país.

Actualmente, España cuenta con siete reactores distribuidos en cinco centrales nucleares. La extensión del periodo operativo de las unidades I y II de Almaraz coincide en 2030 con los plazos establecidos para el cierre de otras plantas, como Ascó I y Cofrentes, lo que plantea interrogantes sobre la viabilidad de un apagón escalonado sin generar un impacto negativo en el sistema eléctrico.

José Luis García, experto en energía de Greenpeace España, ha expresado su preocupación por el posible efecto dominó que esta decisión podría provocar. Según García, la prórroga de Almaraz desafía el acuerdo alcanzado en 2019 entre las compañías eléctricas y Enresa, la entidad encargada de gestionar los residuos radiactivos. Advierte que cerrar simultáneamente cuatro reactores en 2030 podría ser un argumento para solicitar más extensiones, lo que ralentizaría la transición hacia energías más sostenibles.

Fernando Ferrando, presidente de la Fundación Renovables, también critica la prórroga, argumentando que refleja un error en la planificación energética. La volatilidad de los precios del gas y la dependencia de las energías fósiles complican aún más la situación, ya que se prevé que el desmantelamiento de varios reactores deba llevarse a cabo en un corto plazo. Ferrando cuestiona la capacidad del Ministerio para cumplir con el calendario de cierres establecido en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima.

Uno de los aspectos más inquietantes es la posibilidad de que la desconexión de varios reactores en 2030 no solo genere problemas logísticos, sino que también frene el avance de la generación de energía renovable en España. Con vertidos de electricidad por exceso de producción en algunas ocasiones, las complicaciones técnicas de un cierre masivo se vuelven evidentes.

El Ministerio ha señalado que los procesos de desmantelamiento tardan entre 10 y 15 años, lo que implica que varias centrales que cierren alrededor de la misma fecha inevitablemente se solaparán. Aseguran que Enresa está en plena preparación para afrontar el calendario de cierre nuclear, otorgando un margen de cuatro años para ajustar los cronogramas. Sin embargo, Greenpeace argumenta que estas afirmaciones no resuelven las dudas sobre la capacidad de cumplir con el calendario, haciendo hincapié en que el oligopolio energético sigue predominando en la toma de decisiones.

La decisión de prorrogar la vida de Almaraz representa un dilema para la transición energética en un contexto climático crítico. Las implicaciones de esta prórroga podrían afectar no solo el futuro de la energía nuclear en España, sino también la urgencia por avanzar hacia un modelo energético sostenible que responda a los desafíos medioambientales actuales.