El impacto del clima extremo en la aviación es un fenómeno cada vez más presente, especialmente durante los meses de verano, cuando altas temperaturas pueden alterar significativamente los planes de vuelo. A pesar de que los pasajeros suelen estar preparados para retrasos por fenómenos meteorológicos evidentes, como tormentas o nevadas, el calor extremo también puede crear desafíos que afectan la seguridad de los vuelos.
Las altas temperaturas hacen que el aire sea menos denso, lo que dificulta que los aviones generen la elevación necesaria para el despegue. En ciudades desérticas como Las Vegas y Phoenix, estas condiciones se han vuelto más comunes. Por ejemplo, el pasado 24 de julio, American Airlines ofreció compensaciones a pasajeros que decidieron abandonar un vuelo en el Aeropuerto Internacional Harry Reid, donde se registraron temperaturas de 47 grados Celsius.
Desempeño de los aviones en condiciones de calor
El efecto del calor extremo en el rendimiento de un avión se puede comparar con el de los atletas que compiten en altitudes elevadas. Los pilotos deben evaluar diversos factores como el peso del avión, la altitud del aeropuerto y la temperatura exterior antes de cada vuelo. Alan Price, un piloto retirado de Delta Air Lines, subraya la importancia de estas variables, ya que en aeropuertos de mayor altitud, como Denver, un simple aumento en la temperatura puede resultar en restricciones en el peso del avión e incluso en cancelaciones de vuelos.
La longitud de las pistas de aterrizaje también es crucial en esta ecuación. Cuando la temperatura se eleva, las aeronaves necesitan más espacio para alcanzar la velocidad de despegue, lo que deja menos margen de maniobra en aeropuertos con pistas cortas, como los de Nueva York y Washington. En situaciones extremas, las aerolíneas podrían verse obligadas a reducir el peso rebajando la carga, reduciendo la cantidad de combustible o pidiendo a los pasajeros que reprogramen su vuelo.
El cambio climático y su impacto en la aviación
La Administración Federal de Aviación (FAA) no establece una temperatura máxima única para el despegue, ya que las limitaciones operativas dependen del modelo de la aeronave y de las condiciones ambientales. Un estudio realizado en 2017 sugiere que, si las emisiones de gases de efecto invernadero siguen en aumento, se podría esperar que entre el 10% y 30% de los vuelos en los aeropuertos más vulnerables enfrenten restricciones de peso para el año 2050.
Dicha investigación también destacó que, con el tiempo, las condiciones climáticas extremas se han vuelto más frecuentes en aeropuertos como el de Phoenix, que ha visto un aumento notable en los días que superan los 43 grados Celsius. En promedio, desde 2020, este aeropuerto ha registrado 43 días al año donde se alcanzan estas altas temperaturas, una cifra que ha aumentado considerablemente en comparación con las décadas anteriores.
Desafíos para las aerolíneas durante olas de calor
La industria de la aviación ha enfrentado estos desafíos por años. Durante una ola de calor en junio de 2016, American Airlines canceló múltiples vuelos entre Palm Springs y Phoenix. Igualmente, en julio de 2018, se registraron reprogramaciones de vuelos en el Aeropuerto Internacional de Denver debido a temperaturas extremas. En julio de 2023, Delta Air Lines pidió voluntarios para que abandonaran un avión en Las Vegas cuando las temperaturas alcanzaron niveles peligrosos, lo que llevó a la cancelación del vuelo después de una larga espera.
El fenómeno de las islas de calor urbano, donde las áreas construidas superan en temperatura a sus alrededores, también agrava estas situaciones en los aeropuertos. Esta realidad se debe a la falta de sombra y espacios verdes, además del continuo funcionamiento de maquinaria que genera calor. Este cuadro resalta una necesidad crítica: la adaptación de la infraestructura y la regulación de la aviación para enfrentar un futuro donde las altas temperaturas podrían convertirse en la norma.
