El auge de la vigilancia impulsada por inteligencia artificial (IA) en el ámbito laboral está transformando la dinámica entre empleadores y empleados, y no necesariamente de manera positiva. Con el objetivo de promover la responsabilidad dentro de equipos dispersos, muchas organizaciones han comenzado a implementar herramientas de monitoreo que parecen más propias de una distopía que de un entorno de trabajo saludable.
Uno de los principales problemas con la vigilancia automatizada es que, aunque se busca mejorar el rendimiento, a menudo tiene el efecto contrario. Investigaciones recientes indican que un significativo porcentaje de empresas utiliza análisis basados en IA para evaluar el desempeño de sus empleados; en particular, un estudio revela que el 61% de las organizaciones ha adoptado esta práctica desde 2019. Este fenómeno se ha visto acelerado por la pandemia, que normalizó el monitoreo remoto y permitió a los empleadores acceder a más datos que nunca.
El Buen Deseo y la Realidad de la Vigilancia
El auge de la llamada «bossware» incluye no solo el registro de horas de entrada y salida, sino un amplio espectro de datos que abarca pulsaciones de teclas, movimientos del ratón, tiempo activo en aplicaciones, historial de navegación, y hasta análisis del tono en plataformas de mensajería como Slack. Estos métodos de vigilancia han generado reacciones adversas entre los empleados, quienes reportan niveles de estrés significativamente más altos en comparación con aquellos que no están bajo vigilancia.
Un estudio de WebsitePlanet muestra que quienes son monitoreados tienen 1.5 veces más probabilidades de reportar problemas de salud mental. Otro quebranto obvio es que muchos empleados se sienten obligados a simular productividad, creando una cultura donde la apariencia de trabajar gana más importancia que el trabajo real. Por ejemplo, el 66% de los trabajadores admiten haber permanecido activos en línea más allá de terminar sus tareas para no parecer improductivos.
El Costo Real Que Afecta a la Retención
Los efectos psicológicos negativos de la vigilancia en la salud mental de los empleados son preocupantes, pero el impacto más tangible se siente en la retención del talento. La confianza entre empleadores y empleados se deteriora rápidamente cuando se implementan sistemas de vigilancia, y esta falta de confianza es uno de los principales factores que influyen en la decisión de un empleado de permanecer en una organización. Las empresas con bajos índices de rotación no son las que más vigilan, sino aquellas que fomentan un ambiente de confianza.
El uso de datos de comportamiento para entrenar sistemas de IA que pueden eventualmente reemplazar a los trabajadores humanos es una preocupación creciente. Cuando los empleados perciben que están bajo constante evaluación, temen no solo por su desempeño, sino también por la seguridad de sus empleos, creando una atmósfera de desconfianza.
Una Nueva Visión de la Responsabilidad Laboral
El debate no debe ser acerca de si debemos promover la responsabilidad; la verdadera cuestión radica en cómo se concibe dicha responsabilidad. La vigilancia no equivale a responsabilidad. Aquellas organizaciones que logran un equilibrio óptimo se enfocan en medir resultados, no procesos. Estas empresas establecen expectativas claras y brindan a los empleados la autonomía y las herramientas necesarias para alcanzar sus objetivos.
El problema filosófico en juego es significativo. La vigilancia supone que los empleados no trabajarán a menos que sean observados, mientras que fomentar la confianza implica creer que, dados los recursos adecuados, las personas se esfuerzan por realizar un buen trabajo. Las empresas deben elegir qué tipo de cultura desean cultivar. Aquellas que optan por la vigilancia pueden descubrir, muchas veces demasiado tarde, que esta suposición es errónea.
En definitiva, mientras que la inteligencia artificial puede ofrecer aplicaciones beneficiosas en el entorno laboral, la vigilancia constante no es una de ellas. Las organizaciones que serán competitivas en el futuro no serán aquellas con los sistemas de monitoreo más avanzados, sino las que reconozcan que un entorno de confianza y autonomía es más eficaz que cualquier herramienta de seguimiento.
