En los últimos años, Europa ha sido escenario de crecientes protestas contra el turismo masivo. En julio de 2024, manifestantes en Barcelona exigían el fin del over-tourism con la consigna “vete a casa”, mientras que en Mallorca, cerca de 10,000 personas marchaban contra el aumento de los costos de vivienda. Estas tensiones se han hecho notar en varios puntos del continente, incluyendo las Islas Canarias, Portugal e Italia.
Este descontento refleja un dilema complicado. A medida que las autoridades europeas ven en los expatriados y nómadas digitales una oportunidad para incrementar sus ingresos fiscales, los residentes suelen asociar su llegada con el encarecimiento del alquiler y la escasez de viviendas. La pregunta que surge es fundamental: ¿por qué muchos europeos no pueden permitirse los mismos apartamentos que los profesionales extranjeros?
Un tema recurrente
Desde hace décadas, Europa se esfuerza por atraer talento y construir ecosistemas de innovación. Mientras trabajaba en capital riesgo, observé que casi todos los países querían crear su propio Silicon Valley, invirtiendo considerablemente en la creación de ecosistemas para startups. Sin embargo, solo unos pocos han logrado convertirse en centros de innovación a nivel global.
Después de analizar esta situación, algunos fondos de inversión han tratado de explicar el escaso éxito europeo en este ámbito en términos culturales, sugiriendo que los estadounidenses e israelíes están más dispuestos a asumir riesgos. Esta visión resulta problemática, pues implica que ciertas nacionalidades serían innatamente más adecuadas para el emprendimiento. En realidad, las decisiones de inversión y riesgo se pueden entender mejor a través de la matemática.
La fórmula simple que explica por qué las personas eligen un camino u otro es la siguiente: Probabilidad de éxito × potencial de ganancia > probabilidad de fracaso × costo del fracaso. Bajo esta premisa, la decisión de emprender radica en el potencial de ganancia, que en Estados Unidos es mucho más alto debido a su marco fiscal más favorable.
El freno a la escalabilidad en Europa
El panorama para construir empresas está cambiando más rápidamente que en las últimas dos décadas. La trayectoria tradicional de iniciar una startup local para luego venderla a un comprador estadounidense a través de fusiones y adquisiciones ya no funciona. Las regulaciones actuales obligan a que los servicios digitales sean considerados como activos soberanos, lo que podría restringir el crecimiento de las empresas tecnológicas.
Un reciente ejemplo de esto fueron los controles de exportación que impuso el gobierno de EE.UU. a los nuevos modelos de inteligencia artificial de Anthropic. La incapacidad para verificar la nacionalidad de los usuarios en tiempo real ejemplifica cómo decisiones geopolíticas pueden interrumpir rápidamente la infraestructura del software a nivel global.
Los gobiernos europeos buscan que las infraestructuras digitales críticas se mantengan localmente, pero esto solo funcionará si las alternativas nacionales son verdaderamente competitivas. De lo contrario, el proteccionismo puede reducir la productividad al limitar el acceso a las mejores herramientas disponibles.
A pesar de iniciativas como “EU Inc.”, que busca unificar el ecosistema de startups europeas, el acceso a capital de crecimiento sigue siendo uno de los mayores desafíos estructurales. Muchas startups enfrentan dificultades para asegurar financiamiento en etapas posteriores, lo que limita su capacidad de competir a nivel mundial.
Ante esto, los fundadores deben reconsiderar su estrategia no solo en cuanto a la ubicación para escalar, sino también en cómo formar sus equipos.
Protegidos, pero estancados
La verdadera soberanía digital requiere talento en ingeniería, que cada vez es más difícil de conseguir en un marco laboral sumamente protector. Conflictos recientes, como el de Volkswagen con los sindicatos respecto a cierres de plantas, demuestran cómo las rígidas protecciones laborales pueden obstaculizar la transformación de empresas.
Para las startups, donde los pivotes estratégicos pueden ocurrir en semanas, esta rigidez resulta costosa. Las empresas tecnológicas necesitan un mercado laboral que les permita ajustar sus equipos según las condiciones del negocio.
Más que un salario
Con el objetivo de superar las dificultades de contratación, algunos fundadores están aprovechando la calidad de vida en Europa como ventaja a la hora de reclutar talento. En mi empresa, por ejemplo, un 30% de nuestro equipo proviene de este perfil: son empleados que podrían trabajar en cualquier parte del mundo, pero eligen Europa por su calidad de vida.
Aun así, este atractivo no es algo que se deba dar por sentado. Países como Turquía están implementando paquetes fiscales atractivos, mientras que los Emiratos Árabes Unidos continúan expandiendo su entorno fiscalmente favorable para atraer talento global.
Sin embargo, los mejores profesionales no están motivados únicamente por la optimización fiscal. Para muchos ingenieros altamente capacitados de regiones políticamente o económicamente inestables, trasladarse a Europa representa una oportunidad de estabilidad a largo plazo para sus familias.
Compromiso, en fragmentos
Uno de los enfoques para adaptarse a estos desafíos es la globalización en las contrataciones. Cada vez más startups están dejando atrás la dependencia de contratos permanentes y están incorporando ejecutivos fraccionarios y colaboradores por proyectos en sus modelos operativos. Esta estrategia no solo permite el acceso a experiencia altamente especializada, sino que también ofrece flexibilidad.
Contratar en este nuevo contexto ha pasado a ser una decisión estratégica que va más allá de la simple adquisición de talento. En una era definida por la soberanía tecnológica, la rapidez con la que una empresa puede adaptarse a cambios exteriores depende en gran medida de cómo contrata.
