El Morbo del Streaming: ¿Por Qué la Gente Disfruta Ver Sufrir a los Streamers?

El Morbo del Streaming: ¿Por Qué la Gente Disfruta Ver Sufrir a los Streamers?

La trágica historia de Sergio Jiménez, quien perdió la vida el 31 de diciembre en Vilanova i la Geltrú, ha revivido antiguos debates sobre la responsabilidad de los influencers en el mundo digital. En un directo de YouTube, Simón Pérez, famoso por hablar de hipotecas y por sus controversiales actos, presentó a Jiménez de una manera inquietante: “Este es Sergio, está mal de la olla, va de antipsicóticos, es un yonki cocainómano y es muy divertido, como yo”. Este comentario, aparentemente inofensivo, antecedió a un desenlace trágico que ha dejado a muchos cuestionándose la ética de las comunidades online.

Investigación en marcha

Los Mossos d’Esquadra están investigando la muerte de Jiménez, considerándola potencialmente delictiva. La policía catalana se enfrenta a un desafío inédito al abordar un caso vinculado con el consumo de sustancias en un entorno de streaming. Aún están a la espera de los resultados de la autopsia, que podrían tardar al menos tres semanas en llevar claridad sobre si su fallecimiento fue resultado de una sobredosis.

Comunidad tóxica en línea

La historia de Jiménez no es solo una de irresponsabilidad individual, sino también de un público que impulsó su drástico camino. Muchos de los seguidores de Pérez se convirtieron en espectadores de Jiménez, llevándolos a participar en retos cada vez más peligrosos. Desde quienes solo veían resúmenes en YouTube hasta aquellos dispuestos a pagar entre 30 y 100 euros para asistir a videollamadas privadas, la gama de implicación es amplia. Algunos de estos seguidores no solo animaban a Jiménez en sus peligrosos actos, sino que incluso compraban la droga que consumía.

Desenfreno y desafíos éticos

La búsqueda de satisfacción personal a través de la degradación ajena plantea preguntas inquietantes sobre la moralidad de una comunidad que opera bajo el cloaked de la diversión. Simón Pérez ha confesado haber estado sujeto a presiones por parte de sus seguidores, quienes le proponían retos cada vez más extremos, incluyendo desafíos que lo llevaron a una espiral autodestructiva.

Arthur Ehlinger, profesor de la Universidad de Glasgow, señala que estos streamers construyen comunidades que normalizan y ritualizan conductas destructivas. La interacción entre consumidores y donadores crea un entorno donde la crueldad y el humor oscuro son la norma, dificultando la identificación de la línea entre el entretenimiento y la irresponsabilidad.

La realidad detrás de la pantalla

El fenómeno del troleo y la violencia en el streaming se da principalmente en espacios digitales, donde el anonimato permite a muchos comportarse de manera que no se atreverían a hacer en persona. Sin embargo, cuando la atención se centra en casos como el de Jiménez, muchos participantes optan por abandonar estos grupos para evitar repercusiones.

En última instancia, la tragedia que rodea a Sergio Jiménez resalta la necesidad urgente de una regulación más efectiva en plataformas digitales. Las autoridades aún buscan respuestas sobre lo sucedido en sus últimos momentos, mientras Telegram y Google se enfrentan a presiones para ofrecer información que pudiera esclarecer el caso.

A medida que la discusión sobre la responsabilidad de los influencers y sus audiencias continúa, queda claro que la educación y la concienciación sobre el impacto del contenido en línea son fundamentales para frenar estos peligrosos fenómenos. Si no hubiera una audiencia dispuesta a apoyar tales conductas, probablemente, estas trágicas historias no se volverían a contar.