El nuevo año que hemos comenzado se presenta como un desafío para la economía global, que enfrenta transformaciones significativas en el orden mundial. La primera mitad de 2025 estuvo marcada por los cambios en el comercio, impulsados por la llegada de Donald Trump a la presidencia de EE.UU. y su controversial política de aranceles. Sin embargo, fue en el segundo semestre cuando la inteligencia artificial (IA) se convirtió en el protagonista indiscutible. Este enfoque no solo dominará los debates en 2026, sino que también definirá el futuro económico, influenciando el crecimiento, el ámbito financiero y la política global.
La Promesa y el Peligro de la IA
La inteligencia artificial tiene el potencial de remodelar el rendimiento económico a largo plazo, aunque su implementación también puede aumentar las desigualdades y dar lugar a una economía en forma de K. Este fenómeno se refleja en la creciente distancia entre quienes se benefician de la digitalización y quienes quedan atrás. Analistas comparan el auge de la IA con dos hitos históricos: la electrificación y la llegada de Internet en los años noventa. Pero, ¿qué tan grande será su impacto realmente?
Pronósticos de especialistas como el premio Nobel Daron Acemoglu sugieren un aumento de la productividad de hasta un 0.1% anual, mientras que otras estimaciones, como las de McKinsey, apuntan a incrementos de hasta el 3.5% anual. El Fondo Monetario Internacional (FMI) incluso señala que el PIB global podría crecer cuatro décimas más en la próxima década, gracias a la automatización y la innovación.
Aumento de la Inversión en Tecnología
Las cifras son contundentes: desde 2023, la inversión de las grandes tecnológicas en áreas como semiconductores y centros de datos ha superado expectativas, alcanzando los 400,000 millones de dólares y proyectándose hacia 530,000 millones para 2026, según Ben May, director de Investigación de Oxford Economics. Esta inversión ha sido crucial para el crecimiento económico, representando el 90% del aumento del PIB estadounidense en el primer semestre de 2025.
El auge de la IA genera inquietud sobre una potencial burbuja financiera. Carl Benedikt Frey, especialista en Inteligencia Artificial y Trabajo, advierte sobre los riesgos de financiar estas inversiones a través de deuda, lo que incrementa la vulnerabilidad del sector. Los recientes comportamientos en el mercado de valores ya sugieren una posible corrección que podría impactar la trayectoria de la IA a medio y largo plazo.
La Economía en Forma de K
La realidad económica post-COVID ha revelado una economía en forma de K, donde los beneficios de la digitalización se concentran en un selecto grupo, mientras que muchos enfrentan la inflación y el deterioro del poder adquisitivo. En EE.UU., se estima que la mitad del crecimiento en 2025 provino de inversiones en IA, a expensas de otros sectores. La tasa de desempleo ha ido en aumento, destacando la contradicción de un crecimiento sustentado en la tecnología mientras el empleo en industrias tradicionales sufre.
Diferencias de Consumo
El consumo también refleja este patrón desigual. Mientras que los hogares de mayores ingresos siguen demandando productos premium, como los de Coca-Cola y Delta Airlines, los consumidores con menor poder adquisitivo luchan por llegar a fin de mes. Un informe de UBS destaca que hasta octubre de 2025, más de 48,000 despidos en EE.UU. fueron atribuidos a la sustitución de trabajadores por IA, evidenciando este cambio radical en la economía.
Perspectivas Globales
Mirando hacia el futuro, Bank of America indica que el modelo en K se extenderá a nivel global, con ciertas regiones prosperando mientras otras permanecen estancadas. EE.UU., China y naciones productoras de materias primas esenciales seguirán liderando, mientras que los destinos turísticos continúan enfrentándose a un crecimiento achatado. La incertidumbre geopolítica incrementa los riesgos de volatilidad, exacerbando las desigualdades.
Desafíos Fiscales y Monetarios
Como apunta José Ramón Díez de CaixaBank Research, el éxito de la IA podría llevar a una mayor concentración del capital, dificultando la implementación de políticas fiscales sólidas. La necesidad de asegurar finanzas públicas sostenibles se vuelve crítica, especialmente con el aumento del gasto en defensa y las presiones por pensiones ante el envejecimiento poblacional.
En conclusión, el crecimiento global en 2026 probablemente se mantenga cercano al 3.3% y 3.2% de 2024 y 2025, con una economía estadounidense que recobrará ímpetu a medida que se resuelvan las incertidumbres arancelarias. Sin embargo, Europa y China enfrentarán sus propios retos estructurales que influirán en su capacidad de competir en el nuevo panorama digital.
La dinámica económica del futuro parece dependiente de la innovación y de cómo se gestionen los desafíos y oportunidades que presenta la inteligencia artificial, prometiendo un año complejo pero lleno de posibilidades.
