Los economistas suelen ser objeto de chistes, especialmente cuando se dice que han previsto más recesiones de las que realmente han ocurrido. Sin embargo, tras la crisis financiera de 2008, el mundo ha sorprendido con 15 años de crecimiento continuo, más allá de la breve interrupción provocada por la pandemia. A pesar de la policrisis que nos atormenta desde 2020, el futuro se presenta con tintes alentadores.
Un futuro más brillante de lo esperado
A medida que nos adentramos en 2025, la economía global parece estar en mejor forma de lo que muchos pronosticaban. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), se espera un crecimiento mundial sostenido en torno al 3%. Aunque las cifras varían entre regiones —Estados Unidos con un 1,9% y la zona euro con un 1%—, hay buenas noticias: La Bolsa estadounidense y los índices globales alcanzan máximos históricos, mientras que el desempleo en los países desarrollados se mantiene en niveles mínimos.
Adaptación en tiempos de turbulencia
Las temidas consecuencias de los aranceles no han sido tan devastadoras como se esperaba. Las empresas y los inversores han aprendido a adaptarse a un clima económico volátil. Gobiernos de todo el mundo, sin distinción de ideologías, han impulsado programas de estímulo para mitigar los problemas económicos. Con condiciones de liquidez favorables, el sistema parece estar preparado para resistir las tormentas.
Sin embargo, la economía de EE. UU. enfrenta varios desafíos. Desde la fiebre por la Inteligencia Artificial que ha eclipsado otros sectores hasta los problemas de consumo y un desempleo que ha alcanzado máximos en cuatro años. Se estima que la inversión en IA podría llegar a los ocho billones de dólares para 2030, pero no hay garantías de que esta inversión proporcione los retornos esperados.
En China, la situación es igualmente compleja, enfrentando desequilibrios y la necesidad de adaptarse a un crecimiento con menos exportaciones. La zona euro, por su parte, muestra señales dispares: España, a pesar de su crisis de vivienda, se destaca positivamente, mientras que Alemania y Francia enfrentan sus propios retos.
Perspectivas de crecimiento: ¿una realidad sostenible?
El panorama se divide en distintos escenarios. El primer escenario, marcado por la resiliencia económica, sugiere que el crecimiento se mantendrá a pesar de la adversidad, gracias a políticas públicas favorables y una gestión prudente de la deuda. España, en particular, se ha posicionado como la «locomotora» de Europa, con un crecimiento proyectado del 2,9% en 2025, impulsado por el turismo y la inmigración.
Riesgos en un entorno volátil
Sin embargo, el optimismo debe ir acompañado de un análisis cuidadoso de los riesgos. La inflación en EE. UU. y el posible debilitamiento de la Reserva Federal si se cede a presiones políticas son preocupaciones que podrían afectar la estabilidad. Mientras tanto, en Europa, Francia lidia con su propio déficit y una serie de reformas que aún no se han materializado.
El dilema de las burbujas financieras
La exuberancia en los mercados, especialmente en el contexto de la IA, plantea la pregunta de si estamos ante una burbuja. Lourdes Casanovas, de la Universidad de Cornell, advierte que una corrección podría traer consecuencias graves, especialmente si se produce de manera desordenada. La clave estará en lo que ocurra en EE. UU. y cómo se gestionen las tensiones en Europa.
¿Una distopía en el horizonte?
En un futuro más sombrío, la eventual ruptura de la burbuja de la IA podría conducir a pérdidas masivas. Gita Gopinath, ex subdirectora gerente del FMI, ha advertido sobre las devastadoras consecuencias de una corrección comparable a la crisis puntocom. Esto podría desencadenar una crisis financiera global con efectos en precios y consumo.
Con todo, la economía se enfrenta a un momento decisivo cargado de incertidumbres. Sería prudente permanecer vigilantes ante una eventual caída de la marea que podría revelar las debilidades subyacentes.
