El sector de los centros de datos en Estados Unidos enfrenta un reto significativo en su operación: cada año, utilizan entre 17 y 19 mil millones de galones de agua para enfriar sus sistemas. Esta cifra podría triplicarse en los próximos cinco años, según informes de la Water Foundation. Este aumento plantea desafíos tanto económicos como financieros para los inversionistas que buscan avanzar en la escalabilidad de la inteligencia artificial.
Una de las soluciones más prometedoras radica en la optimización del monitoreo de los fluidos de refrigeración, un proceso que actualmente requiere enviar muestras a laboratorios para realizar pruebas en un lapso de varios días. Para abordar esta problemática, se fundó Omen AI en 2024, una empresa que está desarrollando sensores en tiempo real capaces de detectar fallos en las válvulas y de identificar el crecimiento de bacterias que podrían obstruir el flujo de agua.
Recientemente, Omen AI consiguió asegurar una ronda de financiación Serie A de 31 millones de dólares en junio. Ahora, la compañía se encuentra en la fase de adquisición de Aquatic Labs mediante un acuerdo en efectivo y acciones valorado en 16 millones de dólares. Esta transacción fue posible tras la conexión entre Zach Laberge, fundador de Omen, y Allan Adams, CEO de Aquatic Labs, gracias a un inversor del ámbito de la filtración.
Tanto Omen como Aquatic Labs estaban trabajando en tecnologías de sensores de agua en tiempo real, pero con enfoques complementarios. Omen se centra en la detección de elementos en el agua, mientras que Aquatic Labs mide la alcalinidad. La unión de ambas tecnologías promete ofrecer un análisis más completo y automatizado de las condiciones del agua, mejorando así la eficiencia operativa y reduciendo los tiempos de intervención manual que han sido característicos hasta ahora.
En esta fusión, Laberge y Adams aportan perspectivas distintas: Laberge dejó la escuela secundaria para iniciar su carrera emprendedora en el análisis de fluidos, mientras que Adams es un académico con un profundo conocimiento en tecnología de sensores oceánicos, adquirido durante su trayectoria en el MIT y el Instituto Oceanográfico Woods Hole. Ahora, Adams se desempeña como director científico de Omen, y ambos equipos están en proceso de integrar sus innovaciones en un único sensor, previsto para lanzarse al mercado a principios del próximo año.
Los sensores iniciales de Omen se implementarán en chips que demandan entre 250 y 300 MW de potencia, lo que representa un valor estimado entre 5 y 7 mil millones de dólares. La meta es alcanzar un total de 1 GW de capacidad en chips para finales de 2027. La relevancia de esta tecnología radica en la maximización del tiempo de actividad: actualmente, si el sistema de fluidos se descompensa, los operadores de centros de datos suelen optar por desechar el agua para evitar daños en sus costosos equipos, lo que implica paradas operativas costosas.
Otra dimensión que Adams desea abordar involucra el impacto más amplio de sus tecnologías, más allá de los centros de datos. “El agua entra en los centros de datos, y luego se desperdicia en el agua municipal. Es crucial que ese proceso sea seguro y responsable; por eso, es necesario medir”, afirmó.
A pesar de ciertos escepticismos en el mercado respecto a la inversión en infraestructura para inteligencia artificial, el equipo de Omen AI mantiene una perspectiva optimista. Laberge señala que su trabajo se centra en clientes que ya han comenzado o construido sus centros de datos en los últimos 12 meses, y asegura que, incluso ante posibles contracciones del mercado, su segmento seguirá representando una de las mayores oportunidades de negocio en la historia.
