La Orquesta Nacional de España (ONE) ha marcado un nuevo capítulo en su historia musical con el reciente debut de Kent Nagano como director titular. En un evento que tuvo lugar el 18 de septiembre, precisamente once años después de la llegada de su predecesor David Afkham, la ONE presentó la majestuosa Segunda Sinfonía de Gustav Mahler, conocida como la «Resurrección». Este encuentro no solo simboliza un renacer para la orquesta, sino que también representa una promesa de renovación y crecimiento.
Kent Nagano, director de 74 años originario de Berkeley, California, ha subrayado la importancia del “encuentro” en su enfoque artístico, estableciendo un espacio de conexión entre músicos, compositores, y el público. Tal convicción también se refleja en su reciente libro 10 lecciones en mi vida, donde explora cómo estos encuentros han influido en su carrera. La elección de Mahler para este recital de apertura plantea un puente entre el legado del pasado y las experiencias renovadoras que se vislumbran en el presente de la música clásica.
Un Programa Ambicioso
La noche comenzó con la obra Deseo tomó delicia, compuesta por Mikel Urquiza, que sirvió como un preludio innovador a la Sinfonía de Mahler. Este nuevo trabajo, que emplea fragmentos de textos de Safo, exhibe un diálogo entre un coro y una orquesta que incorpora metales, percusión y arpa, conectando así con la esencia mahleriana y estableciendo un fuerte impacto emocional.
La dirección de Nagano se distingue por su capacidad de balancear la densidad musical con la delicadeza, permitiendo que cada sección de la obra resplandezca. La interpretación de Deseo tomó delicia fue un ejemplo claro de esta visión, donde se exploraron desde los sonidos más sutiles hasta los momentos de gran exuberancia.
El Coro Nacional de España también tuvo un papel destacado, contribuyendo a la riqueza sonora del concierto. Su desempeño en la obra de Urquiza, junto con la interpretación de la “Resurrección”, reafirmó la calidad y versatilidad de esta agrupación.
Interpretación de Mahler
Al abordar la Segunda Sinfonía, la ONE mostró un equilibrio excepcional en la orquestación, con una disposición innovadora de los instrumentos. La claridad y la transparencia en las transiciones, especialmente durante el primer movimiento, fueron notables, destacando la destreza con que Nagano guió a la orquesta a través de complejas secciones musicales. El uso de un formato híbrido para los violines, lo que permitió una mejor proyección sonora, se sumó a la profundidad de la interpretación.
El contraste entre el andante moderato y el scherzo demostró la habilidad de la orquesta para moverse entre diferentes estados emocionales, manteniendo siempre el hilo conductor de la obra. El final de la sinfonía, donde se culmina con el coral sobre el tema de la resurrección, fue un momento de gran intensidad, manteniendo en vilo a los asistentes hasta el clímax final.
La elección del coro para comenzar el último movimiento de una manera íntima, con los cantantes sentados, permitió que la sonoridad se desarrollara de manera orgánica, resaltando los contrastes dinámicos y la expresión emocional de las solistas. Esta interpretación culminó en un clímax sobrecogedor que dejó huella en la audiencia presente.
Con esta presentación, queda manifiesto que la Orquesta Nacional no solo ha dado un paso hacia adelante bajo la dirección de Kent Nagano, sino que ha reavivado su conexión con los grandes repertorios sinfónicos, ofreciendo renovados estrenos y una interpretación profundamente significativa que resuena con los tiempos actuales.
