El panorama democrático en Estados Unidos enfrenta un período crítico, con el segundo mandato de Donald Trump marcando un notable deterioro en la calidad democrática. Los indicadores esenciales, que abarcan aspectos desde la independencia judicial hasta la libertad de prensa y expresión, han caído a niveles alarmantes, alcanzando bajos históricos en medio siglo de evaluación, según datos del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral.
Kevin Casas-Zamora, secretario general de esta organización, ha señalado que aunque algunos de los problemas actuales llevan tiempo gestándose, la aceleración de la erosión de principios democráticos en los últimos años ha sido devastadora. La concentración de poderes y el debilitamiento de los contrapesos del Estado son preocupaciones centrales, que no solo afectan el sistema interno de Estados Unidos, sino que tienen repercusiones a nivel global, desafiando la confianza en el multilateralismo y empoderando a líderes autoritarios en diversas regiones.
La tendencia hacia la erosión democrática no es únicamente un fenómeno estadounidense. De acuerdo con el informe, en 2025, por undécimo año consecutivo, más naciones experimentan retrocesos democráticos que mejoras. En este sentido, seis de cada diez países han mostrado disminuciones en al menos uno de los cuatro indicadores claves: representación, derechos, Estado de derecho y participación. Este retroceso se observa de manera generalizada, pero el pilar del Estado de derecho resulta ser el más afectado.
Tendencias Globales en la Democracia
El análisis del estado actual de la democracia revela que la independencia judicial ha alcanzado su nivel más bajo en 36 años a nivel global. Además, tanto las elecciones justas como el acceso institucional a la justicia, así como la libertad de expresión y de prensa, se encuentran en mínimos que no se veían desde hace tres décadas.
Casas-Zamora destaca cómo el caso de Estados Unidos ilustra la rapidez con que se han deteriorado pilares fundamentales de la democracia. Este fenómeno sugiere que muchas instituciones democráticas ya eran frágiles antes de esta fase crítica, a excepción de los jueces en niveles inferiores, quienes todavía mantienen un cierto grado de independencia.
En definitiva, lo que sostiene a una democracia no son solo normativas, sino la voluntad política de respetarlas. La ausencia de autocontención y la voluntad de subvertir las normas son desafíos apremiantes que, según el director del organismo, deben ser abordados con urgencia si se desea revitalizar la democracia en Estados Unidos y en el mundo.
