La Luna ha registrado un nuevo impacto de un objeto manufacturado, específicamente la etapa superior de un cohete Falcon 9 de SpaceX, que colisionó con su superficie en las primeras horas de este miércoles. Este evento fue confirmado por la NASA y se enmarca dentro de la dinámica de objetos que, debido a factores gravitacionales y solares, regresan a la Luna de manera inesperada.
Este componente del cohete estaba ligado a un lanzamiento realizado el 15 de enero de 2025, en el cual SpaceX llevó a cabo una misión para desplegar el módulo lunar Blue Ghost 1 de Firefly Aerospace bajo la iniciativa CLPS (Servicios Comerciales de Carga Lunar). La actividad solar y las fuerzas gravitacionales provocaron que esta etapa regresara a la Luna, donde creó un cráter estimado de 18 metros de ancho y 3,7 metros de profundidad.
Los impactos en la Luna son comunes debido a la ausencia de atmósfera, que en la Tierra actúa como una barrera protectora. Aunque el impacto de objetos producidos por el ser humano es menos frecuente, la NASA asegura que este tipo de eventos no representa riesgo alguno ni para la Tierra ni para los equipos que se encuentran actualmente en la Luna. De hecho, un meteoroide de similar energía a la etapa del Falcon 9 colisiona con la Luna cada seis días, lo que indica que el satélite natural continúa siendo objeto de constantes impactos.
Desafíos del crecimiento de los desechos espaciales
A pesar de esto, el incidente ha reavivado el debate sobre la creciente problemática de los desechos espaciales y las medidas que se pueden implementar para minimizarlos. La NASA enfatiza su compromiso en la mitigación de desechos orbitales, buscando prácticas responsables que protejan no solo la Tierra, sino también otros cuerpos celestes.
Una de las preguntas que ha surgido en torno a este incidente es si se pudo evitar el choque de la etapa superior del cohete con la Luna. Si bien SpaceX ha desarrollado lanzamientos donde la mayoría de los componentes son reutilizables, la etapa superior a menudo queda en trayectorias imprevistas una vez que es liberada. En este caso, el Falcon 9 fue lanzado a una órbita de alta energía, donde la desorbitación controlada resulta considerablemente más compleja, lo que dificultó la posibilidad de redirigirlo hacia la Tierra.
Según Julianna Scheiman, directora de ciencia de la NASA, la combinación de intensa actividad solar y las fuerzas gravitatorias de la Luna llevaron a que la etapa colisionara con su superficie. Aseguró que la empresa siguió las regulaciones pertinentes para la pasivación del cohete, pero que en este caso particular no fue posible un regreso controlado a la atmósfera terrestre.
Una práctica más común de lo que se cree
Aunque el impacto de la etapa superior de un cohete en la Luna no estaba previsto, este método se considera técnicamente aceptado y puede ser la opción más viable en ciertas misiones lunares. Históricamente, otros cohetes también han impactado intencionadamente la superficie lunar como parte de sus misiones; por ejemplo, en 2022, la etapa superior del cohete Larga Marcha 3B de China impactó en la Luna, dejando un doble cráter. A su vez, en 2009, se llevó a cabo un impacto controlado de la etapa Centaur de un cohete Atlas 5, con el objetivo de estudiar la composición del agua lunar.
Asimismo, durante el programa Apolo, varias terceras etapas de cohetes Saturno V fueron dirigidas hacia la Luna, permitiendo a los científicos recoger datos cruciales sobre su estructura interna a través de los sismómetros colocados en la superficie lunar. Este seguimiento de los impactos no solo incrementa la comprensión científica del satélite, sino que también destaca la importancia de gestionar adecuadamente los residuos en el espacio.
