El fenómeno del cultivo y consumo de marihuana en Cataluña ha adquirido dimensiones significativas, especialmente en Barcelona, donde los clubes cannábicos han proliferado desde 2012. Este entorno ha permitido que el crimen organizado se infiltre en una actividad originalmente destinada a la defensa de los consumidores. Actualmente, se estima que hay alrededor de 200 clubes activas en la ciudad, una cifra que se ha mantenido estable en los últimos años a pesar de los esfuerzos del Ayuntamiento por cerrarlos.
Con la llegada de Jaume Collboni al Ayuntamiento, los socialistas han puesto la mira en erradicar estas asociaciones. Albert Batlle, responsable de Seguridad de Barcelona, recientemente destacó que continuarán ejerciendo presión sobre estos clubes que, según él, no deberían existir en la ciudad. A pesar de los intentos de cerrar estas instituciones, la situación se ha mantenido inalterada, lo que subraya un reto significativo en la lucha contra el tráfico de drogas.
Estrategia Municipal: Plan Druida
La nueva estrategia del Ayuntamiento, denominada plan Druida, busca abordar el problema del tráfico de drogas desde múltiples frentes. Este enfoque se articula en cinco ejes: los puntos de venta, la actuación administrativa, la seguridad viaria, la asistencia sanitaria y la sensibilización sobre el consumo de drogas. Uno de los ejes más destacados es el destinado a los clubes cannábicos, que hasta el momento no han mostrado resultados significativos en la reducción de su número.
Batlle ha señalado que la mayoría de los clubes tienen expedientes abiertos, pero reconoce que existen “dificultades para cerrarlos” debido a las resoluciones judiciales que los amparan. Las autoridades están empleando una doble estrategia: la vía administrativa, más lenta pero con algunos cierres logrados, y una creciente presión penal. Esta última se intensificará, según el intendente mayor de la Guardia Urbana, Pedro Velázquez.
El cannabis se ha identificado como la droga más denunciada en las calles de Barcelona, y las autoridades han alertado sobre las serias consecuencias que su consumo puede acarrear para la salud. Con un aumento en la potencia de la marihuana, debido a la manipulación de las semillas, los clubes se han transformado en espacios que sirven no solo para la distribución de pequeñas dosis, sino como puntos de conexión entre traficantes que operan en Europa.
Respuestas y Desafíos en la Salud Pública
Desde junio, las operaciones de la Guardia Urbana se han centrado en ofrecer una respuesta más completa a los problemas relacionados con las drogas en la ciudad. Esto incluye un monitoreo constante de barrios o comunidades donde surgen conflictos iniciales. Hasta el momento, la policía ha logrado desmantelar 74 puntos de venta de droga y liberar 22 domicilios ocupados en 2023. En comparación, el año anterior se desactivaron 165 puntos de venta y se liberaron 57 viviendas.
Además de abordar los puntos de venta, el Ayuntamiento está centrando sus esfuerzos en la seguridad vial, donde más de 1.000 sanciones se impusieron el año pasado a conductores bajo los efectos de drogas. Este enfoque se vuelve crucial, especialmente tras incidentes trágicos, como un accidente en el que dos conductores perdieron la vida, y que tuvo lugar tras el consumo de sustancias prohibidas.
El plan también propuesto incluye mejoras tecnológicas, con la implementación de un sistema de indicadores que permitirá un seguimiento integrado de diversos aspectos vinculados a la salud pública, más allá del tráfico de drogas. Con esta nueva metodología, se espera que la ciudad pueda abordar de manera más efectiva los desafíos que presenta el consumo de sustancias y sus derivadas.
