La archidiócesis de Madrid disuelve una asociación religiosa acusada de exorcismos y abuso sexual

La archidiócesis de Madrid disuelve una asociación religiosa acusada de exorcismos y abuso sexual

La Archidiócesis de Madrid ha decidido disolver oficialmente la asociación conocida como Hijas del Amor Misericordioso (HAM), poniendo fin a un proceso de intervención que se prolongó durante un año. Esta medida responde a una serie de investigaciones que revelaron graves irregularidades en la gestión interna del grupo y denuncias de abusos cometidos por su madre superiora, María Milagrosa Pérez Caballero, apodada Marimí.

La decisión de la Archidiócesis se basa en recomendaciones del Tribunal de la Rota de España, que, tras revisar múltiples denuncias, concluyó que no era viable la continuidad de la asociación. Las revelaciones sobre la conducta de Marimí incluyen abusos sexuales hacia jóvenes tanto hombres como mujeres y prácticas de aislamiento y manipulación. Según los testimonios, algunos miembros fueron sometidos a penitencias físicas y promesas engañosas sobre su futuro espiritual, incluido el acceso a la condición de sacerdote.

El proceso de disolución comenzó tras la intervención del arzobispo de Madrid, quien realizó una visita canónica y designó a una comisaria extraordinaria para tratar de reformar la organización. Sin embargo, tras un año de intentos por integrar a la comunidad en la comunión eclesial, la Iglesia ha determinado que no fue posible lograr este objetivo, dando lugar a la supresión definitiva de la asociación.

Consecuencias de la Disolución

Esta decisión no solo afecta el estatus jurídico de la organización, la cual ya no es reconocida como asociación pública de fieles, sino que también tiene profundas implicaciones para sus miembros. Expertos y defensores de las víctimas enfatizan que, si bien la disolución es un paso importante, no resuelve completamente la situación de quienes sufrieron dentro de la comunidad. Un abogado que representa a varias víctimas considera que esta medida es un gesto de justicia, aunque advierte que el problema en sí es más complejo.

Una de las presuntas víctimas ha expresado que el cierre de la comunidad marca el final de «una cárcel de tortura a inocentes». La disolución señala un momento crucial para visibilizar las experiencias traumáticas vividas por muchos integrantes de la HAM, quienes ahora enfrentan el desafío de reintegrarse a la sociedad después de haber estado aislados por años.

Durante el tiempo en que existió, la organización se destacó por generar un ambiente de control estricto, donde las participantes vivían bajo una fuerte autoridad y escasa comunicación con el mundo exterior. Este entorno había llevado a muchas a desarrollar dependencias emocionales y a experimentar estragos en su salud mental.

La historia de la HAM es un recordatorio del poder que tienen las instituciones y la importancia de la vigilancia en su funcionamiento interno. Con la disolución, la Archidiócesis de Madrid no solo cierra un capítulo de vigilancia, sino que también abre la puerta a una reflexión más amplia sobre el abuso de poder en contextos religiosos. Aunque la crisis parece haber concluido formalmente, las heridas de las víctimas y el desafío de sanar persisten, lo que demanda una respuesta efectiva por parte de la Iglesia y la sociedad.

Este evento es solo una parte de una realidad más amplia, donde la cuestión de los abusos de conciencia, de poder y prácticas de tipo sectario requieren atención y acción continuas por parte de las instituciones religiosas y la justicia ordinaria. En la búsqueda de un entorno más seguro, el reconocimiento del daño y la prestación de apoyo a las víctimas serán pasos cruciales para garantizar que experiencias como estas no se repitan en el futuro.