La Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso) ha llegado a su fin, marcando un hito en un conflicto que se ha prolongado por décadas. Su mandato, que se originó en 1991 con el objetivo de organizar una consulta sobre la autodeterminación de la región, fue desmantelado tras la falta de consenso en el Consejo de Seguridad, lo que ha dejado a la comunidad internacional en un estado de impotencia ante la situación.
Desde la medianoche del sábado, la ONU dio inicio al proceso de liquidación de la Minurso, tras un veto cruzado de EE. UU. y Rusia que impidió la renovación del mandato. El secretario general de la ONU, António Guterres, ha instado a las partes involucradas a colaborar para garantizar una retirada ordenada de los recursos de la misión. Al mismo tiempo, Guterres ha expresado su preocupación por la posibilidad de un aumento de las hostilidades en el territorio, donde Marruecos ejerce control sobre el 80% y el Frente Polisario busca su independencia.
La historia reciente de la Minurso ha girado en torno a un cambio de funciones: de ser una misión destinada a facilitar un referéndum, ha pasado a convertirse en un observador de un conflicto de baja intensidad que, tras el colapso del alto al fuego en 2020, ha visto un resurgimiento de violencia. A pesar de contar con alrededor de 500 miembros en su momento álgido, este personal ha sido reducido considerablemente en los últimos años, reflejando la situación incierta y sin avances significativos.
Un contexto de conflicto renovado
El alto funcionario de la ONU consultado ha señalado la relevancia de la Minurso como mecanismo de alerta temprana para la estabilidad regional. Sin embargo, a medida que se reduce su presencia, el panorama se torna más preocupante. Con la ausencia de otros organismos de la ONU en la región, el monitoreo del conflicto se vuelve aún más complicado, puesto que no hay otras entidades que puedan proporcionar información fidedigna sobre la situación.
La salida de la misión está programada para completarse en el transcurso de un mes, conforme a precedentes históricos de otras misiones de paz que han concluido bajo circunstancias similares. Marruecos ha expresado su deseo de que el tema del Sáhara se retire de la agenda de la ONU y se gestione a través de acuerdos bilaterales y regionales. Este enfoque revela un cambio estratégico en la política exterior del país, que busca cerrar un capítulo de 35 años de confrontación internacional.
El delegado del Frente Polisario ante la ONU ha enfatizado que el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui sigue siendo una línea roja que no se puede negociar. El reciente veto ruso a las propuestas estadounidenses suma un nuevo desafío para la estabilidad regional, puesto que el Polisario ha advertido sobre las serias consecuencias de cualquier medida unilateral que Marruecos decida implementar.
Respuestas políticas en Rabat
El parlamento de Marruecos se reunirá para evaluar la situación y definir la respuesta política ante la extinción del mandato de la Minurso. Un parlamentario ha señalado que la decisión de retirar la misión es un paso necesario, aunque también indica que los aplazamientos en la búsqueda de una solución han sido un obstáculo durante años.
La inminente salida de los observadores de la ONU podría intensificar las operaciones militares de Marruecos contra el Polisario, lo que incrementaría el riesgo de un conflicto más amplio en la región. Hasta ahora, ambas partes han evitado expandir su conflicto más allá de las zonas seguras, pero el vacío dejado por la Minurso podría alterar esa delicada balanza.
