Senegal se encuentra en un momento crítico tras el ascenso al poder de Bassirou Diomaye Faye y su partido, Patriotas Africanos de Senegal por el Trabajo, la Ética y la Fraternidad (Pastef), en 2024. Aunque al principio se esperaban reformas sustanciales y un cambio político significativo, la realidad actual presenta un panorama de tensiones y bloqueos entre el Gobierno y el Parlamento. A dos años de su elección, el país lidia con problemas derivados de una insostenible deuda externa, que se estima en alrededor de 6.000 millones de euros, que amenaza su estabilidad económica y financiera.
Babacar Ndiaye, director de investigación del think tank Wathi, destaca que la situación económica se ha tornado más complicada de lo que se anticipaba. La auditoría de las cuentas públicas solicitada por los nuevos líderes hizo aflorar una deuda no declarada que provocó la suspensión del programa de crédito del Fondo Monetario Internacional (FMI) y una drástica caída en la calificación crediticia del país. Esta vulnerabilidad ha generado una crisis de inversiones, exacerbando la inseguridad financiera de Senegal.
La divergencia en la gestión de la deuda ha causado una ruptura creciente entre Faye y Ousmane Sonko, quien fue primer ministro hasta mayo. Mientras Faye opta por una renegociación con el FMI, Sonko propone medidas drásticas como aumentar impuestos y reducir el gasto público. Este desacuerdo está enraizado en las diferencias de liderazgo y ambiciones políticas: Faye aspira a mantener su posición, mientras que Sonko busca una revancha tras su reciente condena judicial.
Una lucha política interna y sus implicaciones
La política senegalesa se ha visto polarizada, con Faye y Sonko en lados opuestos de una batalla que no solo afecta al Gobierno, sino también a la gobernabilidad del país. La reciente destitución de Sonko y su nombramiento como presidente del Parlamento lo posicionan como un feroz opositor, lo que ha llevado a un estancamiento legislativo. Los ciudadanos que esperaban un cambio se ven ahora atrapados entre la lucha de poder de sus líderes.
Desde una perspectiva económica, la inversión extranjera ha sufrido una caída drástica, pasando de 4.300 millones de euros en 2023 a un escaso 300 millones en 2025. Esta reducción refleja tanto el clima de inestabilidad política como el temor de los inversores sobre el futuro de la economía senegalesa. A su vez, el Gobierno enfrenta impagos acumulados que afectan a proveedores y pequeñas empresas, lo cual ha ralentizado el crecimiento del sector de la construcción y ha incrementado problemas de suministro eléctrico en las principales ciudades.
El Parlamento, controlado por Sonko, empezará a discutir un presupuesto rectificativo que incluirá condiciones del FMI. Sin embargo, si Pastef decide bloquear esta aprobación, podría forzar a Faye a disolver la Asamblea Nacional y convocar nuevas elecciones. Una medida arriesgada, ya que su partido, Kiiraye, podría no obtener el respaldo que necesita en un contexto tan polarizado. A medida que la situación se torna más tensa, los ciudadanos, que inicialmente apostaron por el cambio, enfrentan un futuro incierto.
La lucha por el liderazgo parece eclipsar las necesidades del país. Como menciona Ndiaye, la preocupación principal de los líderes parece ser más sobre la lucha por el poder que sobre las soluciones económicas que el pueblo necesita. Mientras tanto, los senegaleses se ven cada vez más afectados por la crisis económica, lo que plantea interrogantes sobre qué medidas se tomarán para revertir este ciclo de debilidad institucional y financiera.
