Commonwealth Fusion Systems (CFS) ha anunciado la obtención de una subvención de 85 millones de dólares del gobierno de Estados Unidos, una inversión estratégica que apunta a revolucionar el desarrollo de chips en la industria de la energía de fusión. Este importante apoyo proviene del Departamento de Comercio y otorga al gobierno un porcentaje de participación en la empresa, un movimiento que refleja la creciente importancia de la fusión como fuente energética en el futuro.
En un contexto donde las startups de energía de fusión están en una carrera por concluir sus primeros dispositivos de demostración, CFS se propone activar su reactor Sparc en el transcurso del próximo año. Sin embargo, la construcción de un solo reactor sirve solo como prueba de concepto. Para que estas startups puedan desarrollar múltiples plantas de energía comerciales, es esencial mejorar la durabilidad de la electrónica de potencia y establecer una cadena de suministro robusta.
La subvención del CHIPS Act permitirá a CFS impulsar sus capacidades de investigación y desarrollo, así como su capacidad de fabricación de semiconductores en Estados Unidos. Según Brandon Sorbom, cofundador y director científico de la empresa, estos avances se traducirán en plantas de energía más capaces y económicas, además de fortalecer la cadena de suministro estadounidense necesaria para su desarrollo.
Iniciativas financiadas por la subvención
Los fondos recibirán apoyo en cinco iniciativas clave. La primera se centra en el progreso de la electrónica de potencia basada en carburo de silicio. Este tipo de semiconductores, que manejan alto voltaje, son utilizados en diversas aplicaciones, desde productos LED y vehículos eléctricos hasta estaciones base de telefonía móvil y centros de datos. En el ámbito de la fusión, son críticos para gestionar los intensos impulsos eléctricos que alimentan los imanes superconductores, imprescindibles para confinar el plasma dentro del reactor.
Adicionalmente, CFS empleará la financiación para el desarrollo de generadores de potencia de radiofrecuencia de próxima generación, que son fundamentales para calentar el combustible de fusión. También se realizarán inversiones en electrónica avanzada para lograr un control más ágil del reactor, además de aumentar la resistencia de estos equipos a la radiación, lo que puede extender su vida útil y reducir costos operativos.
Por último, parte de los recursos del CHIPS Act se destinarán a la adaptación de hardware de inteligencia artificial, como GPUs y TPUs, para su integración en plantas de energía. Esta modernización es clave para optimizar la eficiencia y la efectividad del proceso de fusión en el contexto energético actual.
Según Sorbom, esta suma de inversión no solo mejorará la industria de chips y la electrónica de potencia en Estados Unidos, sino que también acelerará el progreso de la energía de fusión hacia su integración en la red eléctrica, marcando un nuevo capítulo en la búsqueda de fuentes energéticas más sostenibles y avanzadas.
