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Un cambio de modelo económico siempre conlleva riesgos de conflicto, advierten expertos.

La revolución tecnológica impulsada por la inteligencia artificial (IA) está generando un amplio debate sobre su impacto en el mercado laboral y la economía en general. Juan Luis Arsuaga, experto en evolución humana, ha expresado su preocupación respecto a las consecuencias que conlleva un cambio en el modelo económico, sugiriendo que la historia muestra que tales transformaciones a menudo generan conflictos.

Para Arsuaga, el verdadero desafío radica en la modificación de la estructura económica, que puede hacer que ciertas tareas humanas sean obsoletas. Esto plantea preguntas cruciales sobre el futuro de los trabajadores que podrían verse desplazados y quiénes son los beneficiarios de estos cambios.

Producción y salarios en épocas de cambio

Históricamente, entre 1780 y 1840, Gran Bretaña experimentó un notable aumento en la productividad laboral, con un crecimiento del 46% según estimaciones. Sin embargo, este crecimiento no se tradujo de manera equitativa en los salarios, que solo aumentaron un 12% en el mismo periodo. Años más tarde, la situación mejoró, ya que entre 1840 y 1900, la producción por trabajador aumentó un 90% mientras que los salarios reales crecieron un 123%. Este periodo fue caracterizado por la acumulación de capital que tardó en alinearse con el progreso técnico, un fenómeno que sigue siendo objeto de debate entre economistas.

La desigualdad resultante en lugares como Gran Bretaña durante la Revolución Industrial fue evidente. En 1811, un grupo de tejedores de Nottinghamshire se alzó contra la producción de prendas de menor calidad, lo que desencadenó una serie de disturbios conocidos como el movimiento ludita. Estos acontecimientos resaltan el conflicto inherente que puede surgir en momentos de transformación económica.

Emergencia de nuevos empleos y la exposición a la IA

Las proyecciones actuales sobre la IA sugieren que hasta un 24% del empleo global podría estar en riesgo debido a su capacidad de automatización. Este porcentaje se eleva a un 34% en economías avanzadas, donde los puestos administrativos son los más vulnerables. Sin embargo, diversos estudios indican que más que una sustitución de empleos, lo que se prevé es una transformación en los mismos.

Por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que en economías desarrolladas, cerca del 60% de los empleos están expuestos a la IA, con implicaciones variadas. Mientras una parte del mercado laboral podría beneficiarse, otra podría enfrentar menores salarios o incluso la pérdida de empleo. Por otro lado, análisis en España sugieren que, aunque podría haber una pérdida neta de aproximadamente 400,000 empleos debido a la IA entre 2025 y 2035, también se prevé la creación de nuevos puestos relacionados con la tecnología.

Empleo en la actualidad: un panorama incierto

A pesar de las proyecciones preocupantes, datos recientes indican que en España, el 30% del empleo está en ocupaciones expuestas a la IA, y desde 2022, estas áreas han visto un crecimiento por encima de la media. Expertos como Florentino Felgueroso mencionan que no hay evidencia clara de desplazamiento de empleos atribuible a la IA hasta ahora.

Por otro lado, un estudio reciente de la Comisión Europea revela que el temor al desplazamiento laboral es más alto en trabajadores menos calificados y en sectores con menor formación. Aunque alrededor del 54% de los trabajadores ya utiliza herramientas de IA, no se ha definido aún el efecto neto sobre el empleo de manera concluyente.

En este contexto, la adopción desigual de la IA podría ampliar las disparidades económicas, tanto en mercados laborales como entre regiones, un fenómeno que ya está siendo examinado por expertos en petición de la Comisión Europea. La clara necesidad de gestionar los efectos de la IA en el empleo y reducir desigualdades se hace cada vez más urgente. Las estrategias futuras deberán centrar sus esfuerzos en encontrar un equilibrio que beneficie a todos los sectores de la sociedad.