En los últimos meses, las redes sociales han visto surgir un fenómeno que está generando inquietud en el ámbito educativo: los «curis». Estos dibujos humorísticos, a menudo sarcásticos e incluso ofensivos, retratan a profesores, compañeros y situaciones cotidianas en centros escolares, creando un ambiente de burla anónima y, en algunos casos, de acoso.
Los «curis» han proliferado especialmente en plataformas como TikTok e Instagram, donde los estudiantes crean cuentas anónimas para compartir estos contenidos, frecuentemente alterando nombres de sus instituciones para eludir la detección. José María Fernández Díaz, director de un instituto en Mejorada del Campo, destaca que este fenómeno está presente en casi todos los centros educativos, facilitando que, con una búsqueda sencilla, los usuarios puedan encontrar al menos una cuenta relacionada con el colegio. Este uso del anonimato ha provocado una rápida expansión de este tipo de publicaciones.
Las repercusiones del humor escolar
El contenido de los «curis» varía notablemente, oscilando entre representaciones humorísticas inocentes y caricaturas que hacen gala de burlas hirientes, en ocasiones con tintes xenófobos o machistas. Toni Solano, director en Castellón, subraya que muchos de estos dibujos reflejan comportamientos conocidos en las aulas, como profesores que simulan tareas mientras se ausentan por otros motivos. Sin embargo, la directora Raquel Morillo plantea un punto crítico, indicando que, aunque la sátira y el humor son parte de la vida escolar, el anonimato en las redes puede transformar estos comentarios en ofensas directas.
El problema adquirió tal magnitud que Morillo se vio obligada a denunciar una cuenta de «curis» a la policía. Sin embargo, las fuerzas del orden han expresado la dificultad de actuar, ya que estos contenidos no siempre alcanzan un umbral legal que les permita intervenir. Esta situación es recurrente en muchos institutos, donde el uso de sanciones disciplinarias se complica debido al anonimato de los creadores.
En algunos casos, las instituciones han logrado identificar a los autores mediante el análisis de comentarios en las publicaciones. José María Fernández Díaz, vicepresidente de una asociación de directores de secundaria, menciona que, al rastrear a los estudiantes que comentan los «curis», los educadores pueden, en ocasiones, descubrir la identidad de los creadores.
Un fenómeno bajo la lupa de la comunidad educativa
El surgimiento de los «curis» ha dado lugar a un nuevo subgénero que aborda de forma casi heroica el riesgo que corren sus autores de ser descubiertos, a menudo vilipendiando a aquellos que los señalan. Esta dinámica ha generado preocupación entre la comunidad educativa, que busca abordarla desde múltiples frentes, incluido el de la concienciación. Joan Satorra, director en Tarragona, ha empezado a implementar charlas de sensibilización para estudiantes y a involucrar a las familias en el tema.
Los expertos advierten sobre la flaqueza del anonimato en estos casos, que puede propiciar situaciones de acoso. Ana Hernández, de los Mossos d’Esquadra, explica que el autor de un «curi» se siente amparado por el anonimato, lo que puede extender conflictos a la vida escolar o social. Este fenómeno, según Hernández, revela problemas de convivencia ya existentes en los centros educativos, lo que resalta la necesidad de una mayor prevención y control.
Dentro de las aulas, las opiniones de los estudiantes son diversas. Algunos consideran que los «curis» son solo una forma graciosa de representar a sus profesores, mientras que otros señalan que ciertos dibujos pueden resultar heridos y denigrantes. Pablo Duchement, profesor e investigador especializado en delitos digitales, advierte que los contenidos pueden ser inocuos en la superficie, pero tener implicaciones perjudiciales para los afectados. “Se ha convertido en una moda, y una vez alcance su pico, comenzarán a aparecer las consecuencias”, concluye Duchement.
