Un reciente estudio ha resaltado las implicaciones económicas de las restricciones en la inmigración de trabajadores de baja cualificación, revelando que estas limitaciones pueden reducir el tamaño y la productividad de las empresas estadounidenses sin generar nuevas oportunidades laborales para los trabajadores locales. Los autores del estudio, Michael A. Clemens y Ethan G. Lewis, han analizado el efecto de la visa H-2B, que permite la entrada de trabajadores temporales extranjeros para empleos estacionales en sectores como la hostelería y la agricultura.
La ley de inmigración de 1990 estableció un cupo de 66,000 visas H-2B al año, cifra que no ha sido revisada en más de tres décadas. Sin embargo, la demanda ha superado considerablemente este límite: durante la segunda mitad de 2022, se solicitaron más de 136,000 visas para solo 33,000 disponibles. Este desajuste ha llevado a que muchas empresas enfrenten dificultades para operar a plena capacidad, lo que a su vez afecta sus ingresos y crecimiento.
En su investigación, los autores utilizaron un enfoque innovador al analizar los resultados de una lotería aleatoria para asignar las visas. Este método proporciona una perspectiva única sobre cómo las empresas podrían sobrevivir o prosperar sin la entrada de trabajadores inmigrantes. Los datos recopilados de 472 empresas que participaron en las loterías de 2021 y 2022 permitieron establecer una relación clara entre la contratación de trabajadores extranjeros y el aumento en ingresos y productividad.
Las conclusiones sugieren que aquellas empresas que lograron adquirir H-2B trabajadores vieron incrementos significativos en sus ingresos, estimados en un 20% por cada aumento en la contratación. En contraste, las empresas que no lograron obtener las visas vieron una drástica reducción en su capacidad de contratación, lo que resultó en una contracción de sus operaciones.
El impacto en la fuerza laboral estadounidense
A pesar de estas dinámicas, el estudio muestra que las empresas que no pudieron contratar trabajadores inmigrantes no reemplazaron estas vacantes con empleados estadounidenses. En su conjunto, el efecto sobre la contratación de trabajadores locales fue nulo o incluso positivo en algunos contextos, como en empresas rurales, donde se observó una correlación positiva entre el aumento de H-2B y la contratación estadounidense.
Una de las claves de este fenómeno radica en la diferencia entre los efectos de sustitución y escala. Si bien algunos trabajadores estadounidenses ocupan vacantes dejadas por los inmigrantes, las empresas que no pueden contratar no mantienen su producción. En esencia, estos negocios se reducen en tamaño, lo que resulta en menos puestos de trabajo disponibles para todos.
La investigación subraya que las restricciones a la inmigración de baja cualificación no solo limitan a las empresas, sino que también comprometen el potencial de crecimiento de la economía estadounidense. Las estimaciones muestran que las restricciones pueden limitar la capacidad de inversión en equipos y activos de las empresas, lo que a su vez impacta negativamente en el desarrollo económico local.
Por lo tanto, el estudio plantea la necesidad de revisar el límite de las visas H-2B, argumentando que un aumento marginal en el número de estas visas no solo beneficiaría a las empresas al permitirles aumentar su producción y beneficios, sino que también podría contribuir a la creación de empleo para los trabajadores estadounidenses, en lugar de simplemente reducir el tamaño de las empresas.
En un momento en que el debate sobre la inmigración está profundamente polarizado, los autores destacan la importancia de contar con evidencia económica clara para fundamentar las políticas públicas. Según Clemens, «cuando la política está polarizada, se necesitan más hechos», reforzando el papel que la investigación económica puede jugar en la toma de decisiones informadas.
