El impacto del fenómeno de El Niño: menos huracanes en el Atlántico y un Pacífico más tempestuoso

El impacto del fenómeno de El Niño: menos huracanes en el Atlántico y un Pacífico más tempestuoso

El presente año ha traído consigo anomalías climáticas notables, destacándose la inusual calma en la temporada de huracanes del Atlántico. A pesar de que se han registrado seis tormentas con nombre, ninguna de ellas ha alcanzado la categoría de huracán, un fenómeno que no se observaba desde hacía décadas.

En contraste, en el Pacífico Este, el huracán Polo ha mostrado una intensificación rápida, convirtiéndose en uno de los huracanes más poderosos registrados. Estos eventos climáticos aparentemente contradictorios están ligados al fenómeno del «Super El Niño», el cual se perfila como uno de los más intensos de la historia, impactando patrones climáticos a nivel mundial.

La Inusitada Calma en el Atlántico

La temporada de huracanes del Atlántico se extiende del 1 de junio al 30 de noviembre, con su pico en torno al 10 de septiembre. Este año, resulta sorprendente que aún no se haya registrado un huracán a finales de septiembre. Estadísticas comunes sugieren que un promedio de 14 tormentas nombradas se forman durante cada temporada, de las cuales al menos siete merecen la denominación de huracanes, y tres llegan a ser huracanes de gran magnitud.

La ausencia de huracanes hasta el 24 de septiembre es inusual, y podría romper registros históricos. Según meteorólogos, el último caso del primer huracán en aparecer en la temporada fue el 21 de septiembre de 1941, marcando un precedente que podría ser superado este año.

Para que se forme un huracán, es necesario contar con aguas oceánicas cálidas, aire cálido en la superficie y un bajo cizallamiento del viento, lo cual significa que las variaciones en la dirección y velocidad del viento son mínimas. Sin embargo, el fenómeno de El Niño, caracterizado por aguas oceánicas más cálidas en el Pacífico, influye en la actividad del Atlántico al aumentar el cizallamiento del viento, haciendo más difícil la formación y el fortalecimiento de tormentas en esa región.

Consecuencias de El Niño en el Pacífico

Por otro lado, la temporada de huracanes en el Pacífico se ha comportado de manera diferente, con 16 tormentas nombradas y seis huracanes formados, impulsados por las aguas más cálidas y un cizallamiento del viento más bajo en esa área. Este fenómeno suele traducirse en condiciones más secas en el noreste de Estados Unidos y más húmedas en el sur, además de fortalecer la corriente del jet del Pacífico, que fluye de oeste a este.

Este año, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) pronosticó que la temporada de huracanes en el Pacífico sería superior a la media, con entre 9 y 14 huracanes, de los cuales se espera que 5 a 9 sean de gran magnitud, impulsados por el «Super El Niño». El huracán Polo, un fenómeno de categoría 4 frente a la costa suroeste de México, ha sido destacado como uno de los más intensos registrados en esa cuenca.

Aunque Polo no representa una amenaza directa para Estados Unidos, el fortalecimiento de la corriente del jet puede llevar humedad hacia el norte, aumentando el riesgo de inundaciones repentinas en estados como Nuevo México, Texas y Oklahoma. Por otro lado, los recientes desarrollos de la tormenta tropical Nolo podrían transformarse en un huracán mayor, con la posibilidad de intensas lluvias en la Isla Grande de Hawái.

Implicaciones del Super El Niño

A pesar de que este año el fenómeno de El Niño podría resultar en menos huracanes en el Atlántico, las implicaciones de este fenómeno son amplias y serias. La combinación de las temperaturas cálidas del océano, que se han visto exacerbadas por el cambio climático, ha dado lugar a un «Super El Niño» de proporciones sin precedentes, que no solo amenaza con modificar la dinámica climática del Atlántico, sino que también puede intensificar eventos climáticos extremos en todo el mundo.

Este fenómeno no significa que el cambio climático esté directamente fortaleciendo a El Niño, sino que se puede ver como una ola que se alza sobre una marea creciente. Cada vez que se produce un evento significativo de El Niño, se hace sobre un planeta más cálido, lo que intensifica el comportamiento climático extremo.

La evidencia de esta dinámica se manifiesta en eventos como la tormenta tropical Nolo y el reciente desarrollo de sistemas climáticos en el Atlántico, que están relacionados con las condiciones impuestas por el cambio climático y El Niño. Los efectos pueden variar, incluyendo frentes fríos en los Grandes Lagos y el noreste, así como tiempos cálidos y secos en el oeste, lo que incrementa el riesgo de incendios. Este año podría ser una visión anticipada de un futuro en el que un planeta más cálido fomenta patrones climáticos extremos, afectando a diversas regiones de maneras inesperadas.