El crecimiento de la capacidad aeroportuaria en Europa se enfrenta a un dilema ambiental de gran magnitud. Un reciente informe de la ONG Transport & Environment ha puesto en evidencia que los planes de expansión de los 20 principales aeropuertos europeos son incompatibles con los objetivos climáticos establecidos por distintos países del continente. Según el análisis, el aumento previsto en vuelos y pasajeros podría llevar a triplicar las emisiones permitidas para el sector de la aviación, incluso con el uso de combustibles de aviación sostenibles (SAF) y aeronaves más eficientes.
El documento se basa en el sexto informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), que define un presupuesto global de carbono necesario para mantener el calentamiento por debajo de los 1,7 grados Celsius. El transporte aéreo contribuye ya con un 2,4% de las emisiones globales y, al distribuir este porcentaje entre los países y aeropuertos, se establece un límite de emisión para cada instalación hasta 2050, considerando factores como el volumen de tráfico y la capacidad aeroportuaria.
En España, el presidente Pedro Sánchez anunció una inversión cercana a los 13,000 millones de euros para ampliar 12 aeropuertos, cuatro de los cuales están incluidos en el análisis. Con este plan, Madrid-Barajas espera aumentar su capacidad de 70 a 90 millones de pasajeros, Barcelona de 55 a 70, Palma de 33.8 a 35.7 y Málaga de 26.7 a 31. Estos cuatro aeropuertos fueron responsables de dos tercios de las emisiones de vuelos desde España en 2025.
La expansión de estos aeródromos debe ser ratificada por el Consejo de Ministros a través del próximo Documento de Regulación Aeroportuaria, que deberá aprobarse antes de finalizar septiembre. AENA, el gestor aeroportuario, se ha comprometido a alcanzar cero emisiones netas para 2030 en sus instalaciones, aunque este cálculo solo se refiere a las emisiones de la infraestructura y no incluye las derivadas de los vuelos, que son considerablemente mayores.
Expertos como Bosco Serrano de T&E advierten que los planes de expansión incrementarán las emisiones de CO₂ en 35 millones de toneladas, una cifra equivalente a la economía entera de Portugal. Si bien se mencionan avances tecnológicos y combustibles sostenibles como pasos hacia la reducción de emisiones, estos no serían suficientes para mitigar el impacto de un aumento significativo en tráfico aéreo. Las proyecciones sugieren que cada aeropuerto debería reducir sus emisiones un 11% anual, lo cual no está contemplado en los planes actuales.
Impacto en el ámbito europeo
El informe también destaca una problemática similar en otros países europeos. Las proyecciones sugieren que, para 2050, cada uno de los aeropuertos estudiados superará su presupuesto de emisiones entre dos y tres veces. Por ejemplo, los aeropuertos de Lisboa y Oporto podrían triplicar sus límites de emisiones, mientras que Dublín lo haría en un 2.6 veces. Esta situación se observa en muchos aeródromos, que agotarán su presupuesto de carbono dentro de esta década, mucho antes del objetivo establecido para 2050.
Particularmente alarmante es el caso del Reino Unido, donde la expansión de Heathrow generará emisiones equivalentes a un año entero de emisiones de la economía croata. En Irlanda, el aumento de emisiones en Dublín podría superar el 65% anual, mientras que Portugal enfrentaría un incremento de 18 millones de toneladas de CO₂ debido a un nuevo aeropuerto. Estos datos resaltan la necesidad de una revisión crítica de los planes de expansión aeroportuaria.
La disonancia entre el crecimiento de la movilidad aérea y los objetivos climáticos es evidente. Jeremie Fosse, director de Eco-Union, señala que no existen tecnologías viables para descarbonizar el sector aéreo en el corto plazo, lo que demanda que los gobiernos reflexionen sobre el rumbo que están tomando. A modo de ejemplo, ciudades como Ámsterdam ya están considerando cómo reducir vuelos para cumplir con sus metas de descarbonización. Sin embargo, en España, la falta de un marco regulatorio robusto limita la capacidad de limitar las emisiones, lo que permite que tanto AENA como las aerolíneas continúen emitiendo en exceso.
