Detenidos cinco de los seis implicados en la agresión ultra en Oviedo

Detenidos cinco de los seis implicados en la agresión ultra en Oviedo

El pasado 11 de septiembre, durante las fiestas de San Mateo en Oviedo, dos militantes del colectivo Asamblea Moza d’Asturies, Rubén Rosón y Jorge Fernández, fueron víctimas de una agresión que ha desatado una serie de reacciones en el ámbito político y social. Según la Policía Nacional, cinco de los seis sospechosos implicados en el ataque han sido detenidos, y este jueves se les presentará ante la justicia acusados de «agresión con lesiones y odio».

El incidente ocurrió cuando un grupo de ocho individuos de ideología ultraderechista vandalizó la caseta donde se encontraban los activistas. Durante la agresión, los agresores proferían insultos de carácter racista y xenófobo, y al retirarse, gritaron consignas como «arriba España» y «rojos de mierda». Un video del ataque, que muestra a los sospechosos sin cubrir sus rostros, ha facilitado su identificación por parte de las autoridades.

Las reacciones ante este acto de violencia no se han hecho esperar. Diversas organizaciones, incluida Fiestes Populares, han expresado su condena hacia lo que califican como «violencia fascista». Por su parte, la concejala de Festejos del Ayuntamiento de Oviedo, Covadonga Díaz, respaldó las demandas de un espacio festivo «libre de agresiones». Sin embargo, las palabras del alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, generaron controversia al declarar que no consideraba que los autores fueran «tan mala gente», resaltando que “Oviedo tiene una juventud fenomenal”.

Estas declaraciones provocaron un intenso debate en la comunidad. Posteriormente, Canteli se vio obligado a rectificar sus comentarios, condenando de manera «rotunda y sin ningún tipo de matiz» cualquier forma de violencia, ya sea física o verbal, sin importar su origen.

El desarrollo de esta situación pone de manifiesto la necesidad de un enfoque firme y decidido frente a la violencia motivada por ideologías extremistas. La identificación y captura de los agresores es un paso en la dirección correcta, pero el verdadero desafío radica en generar un cambio cultural que condene y prevenga este tipo de actitudes en la sociedad.