Ciudades como Londres, Ámsterdam y Barcelona transforman el diseño urbano: viviendas sin dependencia del automóvil.

Ciudades como Londres, Ámsterdam y Barcelona transforman el diseño urbano: viviendas sin dependencia del automóvil.

La reciente decisión del Área Metropolitana de Barcelona de eliminar la obligación de construir plazas de garaje para nuevas viviendas en el centro de la ciudad marca un cambio significativo en la planificación urbana española. Hasta ahora, la suposición general era que cada hogar necesitaría al menos un coche, pero esta visión ya no se corresponde con la realidad actual, especialmente entre los jóvenes. Esta iniciativa, que se suma a esfuerzos similares en otras urbes europeas, busca priorizar la sostenibilidad y la movilidad pública.

Barcelona se convierte en pionera en España al adoptar esta normativa, previamente establecida en Valladolid. Experts en urbanismo ven en esta medida una oportunidad para reducir el uso del automóvil, incentivar la movilidad sostenible y, potencialmente, abaratar los precios de la vivienda. Sin embargo, se destaca la necesidad de acompañar esta acción con un fortalecimiento del transporte público, la movilidad peatonal y una tarificación más alta del aparcamiento en la vía pública, para así minimizar el uso del coche.

Ignacio Pemán, del Consejo Europeo de Urbanistas, argumenta que se está produciendo un giro en la planificación urbana. “Esta modificación limita las plazas mínimas o máximas para desincentivar el uso del coche”, señala. Por su parte, el experto en movilidad sostenible, Mikael Colville-Andersen, indica que Barcelona no está aislada en este movimiento. Cita ejemplos de otras ciudades europeas como Londres, Ámsterdam y Oslo, que ya han implementado políticas similares, optando por proyectos sin exigencias mínimas de aparcamiento en zonas bien comunicadas.

Cambios en la norma catalana

La nueva normativa en Cataluña, aplicable a 28 municipios, establece que los nuevos edificios de viviendas de protección pueden no incluir espacios de aparcamiento, mientras que aquellos destinados a la vivienda libre tendrán un mínimo de 0,25 plazas por piso. La arquitecta Rosina Vinyes Ballbé explica que la regulación previa reflejaba una dependencia excesiva del automóvil, al tiempo que ha comenzado a quedar claro que muchas plazas de garaje permanecían vacías, especialmente en áreas con buen acceso al transporte público.

La profesora de Urbanismo, Zaida Muxí, también apoya esta perspectiva, sugiriendo que limitar la oferta de aparcamientos puede reducir la demanda de coches. Con el buen sistema de transporte público en el centro de Barcelona, resulta razonable no imponer un número mínimo de garajes.

Por otro lado, mientras que Barcelona avanza en esta dirección, muchas ciudades españolas siguen requiriendo espacios para coches en las nuevas construcciones. Por ejemplo, en Zaragoza se exigen entre 0,5 y 2 plazas por vivienda, y en Valencia la cifra se sitúa en una plaza por unidad. La situación en Madrid refleja una normativa más flexible, aunque aún exige un mínimo de 1,5 plazas por cada 100 metros cuadrados construidos.

Retos y oportunidades

La eliminación de la obligación de plazas de aparcamiento en Barcelona se presenta como una oportunidad, pero no está exenta de desafíos. La norma también incluye regulaciones para el uso de bicicletas y vehículos de movilidad personal, marcando un paso hacia un urbanismo que promueva la diversidad modal. La situación de muchos barrios con una alta concentración de vehículos ocupando el espacio público subraya la importancia de efectuar cambios significativos en la forma en que se diseñan las ciudades.

El urbanista José María Ezquiaga advierte que, a pesar de las tendencias actuales, muchas familias siguen teniendo un coche, lo que podría cuestionar la viabilidad futura de esta normativa. De acuerdo con Salvador Rueda, creador de las supermanzanas, es crucial acompañar las nuevas regulaciones con un aumento en los costos de aparcamiento en la calle, un enfoque que ha mostrado su efectividad en lugares como Vitoria y Barcelona.

Finalmente, el camino de Barcelona puede servir como modelo para otras ciudades españolas, incentivando una transformación hacia un futuro en el que la movilidad sostenible sea la norma y no la excepción.