El U.S. Open, uno de los torneos de tenis más prestigiosos del mundo, no solo es la meca de los grandes deportistas, sino también el escenario donde se sirve el cóctel más icónico de la temporada estival neoyorquina: el Honey Deuce. Con una mezcla de limonada, licor de frambuesa, vodka Grey Goose y tres bolitas de melón, el Honey Deuce ha trascendido su función como bebida para convertirse en un símbolo del evento.
Desde su creación en 2007, este cóctel se ha consolidado como un favorito entre los asistentes, vendiendo la asombrosa cifra de 738,459 unidades el año pasado, lo que equivale a aproximadamente 2 millones de bolitas de melón. En un mundo cada vez más digital, ha capturado también la atención de los fanáticos a través de las redes sociales, donde influencers y aficionados posan con sus copas, creando un elemento visual que invita a compartir la experiencia del torneo.
La experiencia del U.S. Open ha evolucionado, atrayendo no solo a los aficionados al tenis, sino también a aquellos que buscan un ambiente vibrante lleno de experiencias gastronómicas y oportunidades para capturar momentos dignos de Instagram. Esto ha abierto nuevos espacios para diversas marcas que buscan aprovechar el potencial social de un cóctel distintivo, convirtiéndolo en parte integral de la vivencia de los fanáticos.
Creando un fenómeno
El mixólogo Nick Mautone fue el encargado de idear esta bebida emblemática para Grey Goose, que se había sumado como patrocinador oficial del torneo. Inspirado en un postre familiar veraniego, Mautone decidió incorporar melón junto con ingredientes refrescantes. «Tuve ese momento de inspiración: este será el adorno del cóctel», recuerda. A pesar de la falta de una planificación estratégica para hacer del Honey Deuce un éxito, la combinación de ingredientes de calidad y un enfoque en la experiencia del fanático ha sido clave para su popularidad.
El diálogo que entabla el Honey Deuce con su entorno resuena con la creciente necesidad de los aficionados de capturar y compartir su experiencia en el evento. A diferencia de épocas anteriores, donde el reconocimiento del tenis era suficiente, hoy la conexión con elementos visuales y experiencias únicas se ha vuelto fundamental para el éxito de un producto en eventos masivos.
Un cóctel para una nueva generación de aficionados
Varias marcas están aprovechando este contexto para presentar sus propias propuestas de bebidas. Cada una persigue un enfoque específico que busca resonar con la emoción del torneo. Por ejemplo, IHG Hotels & Resorts ha lanzado su Watermelon Slice, un cóctel que cuenta con ingredientes frescos y solo está disponible en el torneo, provocando una fuerte demanda y un gran interés entre los asistentes. «Estamos viendo que se vende diariamente, lo que demuestra que los aficionados lo adoran», menciona un representante de la empresa.
Otras marcas, como Moët & Chandon, han promovido el Moët Serve, un espumoso que apela a la estética visual, con una presentación diseñada para ser fotografiada y compartida. De igual manera, la propuesta de Maestro Dobel Tequila, el Ace Paloma, busca conectar con su herencia cultural mientras atrae a los fanáticos a través de una bebida popular. «El éxito está en adaptar la oferta a la evolución de la audiencia», asegura un vocero de la marca.
Mientras cada marca busca su propia fórmula de éxito, la oportunidad radica en adaptarse al nuevo paradigma de la experiencia del consumidor. Con una base de asistentes que actualmente busca más que solo tenis, el desafío es crear momentos significativos y compartibles que puedan captar el interés tanto dentro como fuera de las canchas.
