Las recientes dinámicas geopolíticas en Oriente Medio están marcadas por la firma de un memorando de entendimiento entre Damasco y Moscú, el cual establece que Rusia mantendrá su presencia militar en Siria, específicamente en dos bases estratégicas en la costa del Mediterráneo: Hmeimim y Tartús. Este acuerdo se concretó tras un año y medio de intensas negociaciones que comenzaron después de la caída del régimen de Bachar El Asad, en diciembre de 2024.
El anuncio, realizado por el Ministerio de Exteriores sirio y reportado por la agencia oficial de noticias SANA, destaca una “redefinición” de las funciones de estas instalaciones militares. A partir de ahora, el gobierno sirio asumirá la gestión civil de las mismas, lo que incluye el control del aeropuerto de Hmeimim y un muelle comercial en el puerto de Tartús. Este cambio busca integrar las operaciones militares en una administración civil más fluida y colaborativa.
La transformación de las bases rusas en “centros conjuntos de entrenamiento y rehabilitación” se prevé completarse en un plazo de tres meses. Esta medida ha sido calificada como el avance más significativo desde que iniciaron las negociaciones, abriendo un nuevo capítulo en las relaciones entre Siria y Rusia.
Omar Hosari, presidente de la Autoridad General de Aviación Civil y Transporte Aéreo sirio, confirmó la toma de control del Aeropuerto Internacional de Latakia, que está adyacente a la base aérea de Hmeimim. Este movimiento se considera un paso clave en la recuperación de la infraestructura aeroportuaria del país, con equipos especializados ya trabajando en la evaluación técnica y operativa del sitio para elaborar un plan de rehabilitación.
Históricamente, la base naval de Tartús ha sido un punto estratégico para Rusia desde los años setenta, mientras que la base aérea de Hmeimim fue establecida en 2015 durante la intervención militar de Rusia en apoyo del régimen de El Asad. En 2017, un tratado de arrendamiento de 49 años otorgó a las tropas rusas plenos poderes operativos sobre ambas instalaciones. Con la caída de El Asad, estas bases pasaron a estar fuera del control del nuevo gobierno, lo que llevó a un replanteamiento de las relaciones militares y diplomáticas entre Damasco y Moscú.
Este reciente acuerdo anticipa una nueva fase en las relaciones bilaterales, en un contexto donde Siria busca reorganizar su infraestructura y restablecer una administración civil en medio de un complejo proceso de transición política. Las implicaciones de esta reconfiguración son múltiples y podrían influir en la estabilidad y seguridad regional en los próximos años.
