Comscore, la reconocida multinacional estadounidense especializada en medición de audiencias digitales, ha iniciado una reestructuración significativa que impactará en su actividad en España. La compañía ha sido elegida por la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC) como el nuevo medidor recomendado de audiencias digitales a partir de 2027, un desarrollo que subraya su relevancia en el mercado de medios digitales a pesar de los desafíos que enfrenta.
El anuncio de su nueva estrategia, denomianda ROI Strategy, se realizó el 11 de agosto y contempla una drástica reducción de plantilla y la simplificación de su estructura comercial internacional. Esta reestructuración podría generar ahorros anuales de entre 20 y 25 millones de dólares.
Recortes y reestructuración internacional
Aunque no se ha especificado cuántos puestos de trabajo desaparecerán en cada país, Comscore ha indicado que pretende llevar a cabo una «reducción sustancial» en su plantilla. Esta medida se enmarca dentro de un esfuerzo más amplio para mejorar su eficiencia operativa, aumentando la utilización de recursos internacionales y disminuyendo costos relacionados con productos heredados.
Bajo el liderazgo de Matt McLaughlin, quien asumió como CEO este verano, Comscore busca transformar su modelo de negocio, centrando la inversión en productos escalables y en el uso de inteligencia artificial para ofrecer mediciones más efectivas.
Se estima que la reestructuración generará costos adicionales de entre 7 y 9 millones de dólares, principalmente relacionados con indemnizaciones y terminaciones contractuales, con el objetivo de completarse en gran medida durante 2027.
Desafíos en el mercado español
La situación resulta especialmente crítica para Comscore en España, donde la compañía había mantenido una presencia estable y reconocida. A pesar de haber ganado a principios de julio el concurso para convertirse en el nuevo medidor de audiencias digitales, las recientes decisiones de la dirección han generado incertidumbre sobre el futuro del proyecto.
El plan inicial contemplaba una metodología híbrida y un panel multidispositivo para mejorar la medición digital, gestionado en colaboración con Kantar Insights. Sin embargo, las nuevas prioridades del liderazgo de Comscore han llevado a la pausa en las conversaciones con AIMC, dejando en el aire la continuidad del proyecto.
Cambio de prioridades y sus implicaciones
La entrada de McLaughlin sigue a la venta de la división de películas de Comscore, una movida estratégica que permitió reducir deudas significativas. Sin embargo, los resultados recientes han impulsado la necesidad de un plan de ajuste más urgente. En el segundo trimestre, la empresa reportó ingresos de 79,2 millones de dólares, un descenso del 11,3% en comparación con el año anterior, y un EBITDA ajustado que cayó a 1,3 millones de dólares.
A pesar de contar con valiosos activos y relaciones en el sector, la actual estructura organizativa parece no permitir que Comscore maximice su rentabilidad.
Incertidumbre sobre el futuro en España
Fuentes del sector han expresado preocupaciones sobre la posibilidad de que Comscore abandone el mercado español, aunque la empresa no ha comunicado oficialmente la disolución de su filial en el país. La falta de información clara ha generado inquietud sobre el impacto que tendrá la reestructuración en las operaciones locales y en la ejecución del ambicioso proyecto de medición.
Con la AIMC aún reconociendo a Comscore como el próximo medidor de audiencias digitales, la situación actual plantea interrogantes sobre cómo se implementará el servicio en un contexto de reducción de la presencia local.
Comscore se enfrenta a un dilema crucial: definir su futuro en mercados internacionales, particularmente en España, justo cuando parecía estar en una trayectoria de crecimiento en la región. Los próximos meses serán decisivos para esclarecer el alcance de sus operaciones y la viabilidad de su modelo propuesto.
