Un reciente estudio realizado por el Imperial College del Reino Unido y la Escuela de Negocios Emlyon de Francia ha revelado patrones alarmantes sobre el fraude en Silicon Valley, destacando cómo los fundadores respaldados por capital de riesgo se ven involucrados en prácticas fraudulentas. Este informe, publicado en junio, ha compilado una base de datos que incluye casos de fraude en el sector tecnológico desde el año 2000 hasta 2023, identificando a aquellas empresas y fundadores que enfrentaron acusaciones penales y civiles por parte de la SEC y el DOJ.
Entre los casos más notorios se encuentran figuras como Charlie Javice de Frank, Gökçe Güven de Kalder, Do Kwon de Terraform Labs y Alexander y Valerie Lau Beckman de GameOn. La creciente discusión sobre el fraude en el entorno de startups revela cómo este fenómeno se ha normalizado en el sector, desafiando la percepción habitual de que la ambición es siempre una virtud. Tim Weiss, uno de los autores del informe, afirma que «el fraude es mucho más común y aceptado en el mundo de las startups de lo que estamos dispuestos a admitir».
Un estudio complementario de la Universidad de Toronto, publicado igualmente en junio, analizó 654 casos de fraude en startups estadounidenses respaldadas por capital de riesgo. Sus conclusiones muestran que, aunque el fraude es infrecuente en general, las empresas que reciben financiación de riesgo enfrentan un mayor riesgo de acusaciones de fraude, especialmente aquellas fundadas en mercados sobrecalentados con control y supervisión insuficientes por parte de los inversores. Las firmas creadas en estos contextos son un 19% más propensas a incurrir en fraudes.
Dinámicas de fraude en startups
El informe de Weiss, coescrito con la investigadora Nevena Radoynovska, describe cómo los fundadores a menudo se encuentran presionados entre las expectativas de rendimiento de los inversores y su rendimiento real. Esta discrepancia puede llevar a un fenómeno conocido como «façading», que se desarrolla en tres etapas de deshonestidad: superficial, reforzada y profunda.
La «façading» superficial implica que los fundadores exageran el éxito de su empresa, algo común en las primeras etapas de una startup, cuando buscan convencer a los inversores. Sin embargo, esta forma de deshonestidad supera la mera articulación de una visión aspiracional.
La segunda etapa, «façading reforzado», se manifiesta cuando los fundadores crean evidencias fraudulentas para respaldar sus afirmaciones, como en el caso de una aplicación de pruebas móviles que generó contratos e informes falsos para atraer financiación a una valoración de unicornio.
Finalmente, el «façading profundo» se caracteriza por construir realidades paralelas de apariencia engañosa, donde se hacen demostraciones fraudulentas sobre las capacidades tecnológicas de la empresa.
Sin embargo, el papel de los inversores en esta dinámica no debe subestimarse. Algunos inversores, al establecer expectativas de rendimiento inalcanzables, podrían estar «co-creando el fraude», como señala Weiss. Las presiones por mostrar crecimientos extraordinarios a menudo desencadenan conductas fraudulentas por parte de los fundadores. Además, el estudio de la Universidad de Toronto indica que aquellos acusados de fraude en Silicon Valley generalmente no encuentran barreras para obtener nueva financiación, incluso después de recibir una atención mediática significativa.
La Gobernanza en el Ecosistema Startup
El control que los fundadores ejercen sobre las juntas directivas también influye considerablemente. Las startups con juntas controladas por fundadores son el doble de propensas a cometer fraude en comparación con aquellas donde los inversores tienen un rol protagónico. Esto se traduce en que, tras salir a bolsa, las empresas con control fundador son más susceptibles a enfrentar demandas colectivas por valores en comparación con las respaldadas por capital privado.
La prolongada duración de la etapa privada de estas empresas también contribuye a este riesgo, ya que las empresas públicas están sujetas a un escrutinio más riguroso. Weiss sugiere que la SEC debería considerar realizar auditorías formales de las startups de manera rutinaria, en lugar de esperar a que surjan denuncias o demandas para intervenir.
El estudio concluye que es fundamental que los inversores asuman una mayor responsabilidad en la presión que ejercen sobre los fundadores para alcanzar métricas de crecimiento extremas. Se propone que los inversores sean responsables por fallos en la gobernanza corporativa y la violación de sus obligaciones fiduciarias. Abordar la dinámica entre emprendedores e inversores podría ser clave para prevenir el fraude y equilibrar la narrativa que a menudo culpa únicamente a los fundadores por estos comportamientos.
