Comienza operaciones en Minnesota un innovador demostrador de amoníaco renovable y flexible.

Comienza operaciones en Minnesota un innovador demostrador de amoníaco renovable y flexible.

Un innovador proyecto de producción de amoníaco bajo en carbono ha comenzado a funcionar en Morris, Minnesota, impulsado por energía eólica. Esta planta, que se conecta a electrones para generar hidrógeno, tiene como objetivo alcanzar una producción diaria de una tonelada de amoníaco para el suministro de fertilizantes local. Este avance marca una evolución significativa del prototipo de planta piloto de 2013, creando una red potencial de generación comercial de amoníaco renovable gestionada por cooperativas agrícolas.

Ubicada en el Centro de Investigación y Extensión de la Universidad de Minnesota, la instalación es el resultado de una colaboración entre dicha universidad, Research Triangle Institute International (RTI International) y Casale. El enfoque del proyecto no solo busca atender los elevados precios del fertilizante y la inestabilidad de la cadena de suministro, sino también fomentar la economía local al mantener los ingresos dentro del estado.

La producción de amoníaco se lleva a cabo mediante un proceso que adapta su tasa de producción a las fluctuaciones en el suministro de energía renovable. Esto es fundamental, dado que la energía generada por los aerogeneradores varía, lo que requiere un sistema de modelado y control avanzado. En este sentido, una gestión dinámica de la planta puede reducir la necesidad de almacenamiento costoso de hidrógeno y optimizar el diseño económico de la operación.

Beneficios para la agricultura local

Este enfoque promete un suministro más predecible y asequible de fertilizantes nitrogenados, lo que resulta crítico para los agricultores locales. Michael Reese, líder de investigación en amoníaco verde de la Universidad de Minnesota, enfatizó que la planta podría proporcionar un fertilizante a precios moderados, permitiendo a los agricultores planificar su presupuesto y gestionar mejor sus cultivos en función de un suministro de fertilizantes más controlado.

Además, el amoníaco producido por la planta podría ser transformado en urea, la forma de fertilizante más utilizada en Minnesota, aprovechando incluso los subproductos de la producción de etanol en la región. Este ciclo de producción de fertilizantes no solo contribuiría a la autosuficiencia agrícola, sino que también ofrece una alternativa sostenible en un clima de creciente preocupación por el impacto ambiental de los fertilizantes tradicionales.

Se plantea que el modelo de co-operativas de agricultores podría llevar al desarrollo de futuras plantas de amoníaco, apoyadas por créditos y préstamos estatales, favoreciendo el crecimiento del sector agrícola en Minnesota. A medida que la demanda por prácticas sostenibles sigue creciendo, la innovación que representa esta planta podría marcar un precedente en la producción de fertilizantes a nivel global.