El resurgir del interés en la economía venezolana ha despertado la atención de inversores, especialmente tras el cambio de liderazgo impulsado por Donald Trump. Sin embargo, a pesar de la esperanza de una revitalización en la producción de petróleo y el posible alivio de la abrumadora deuda externa, la economía del país sudamericano aún dependerá de precios del crudo que le permitan crecer realmente.
Venezuela, que ha sido severamente golpeada por sanciones desde 2017, ha visto cómo su producción de petróleo se desplomaba a menos de un millón de barriles diarios, muy lejos de los tres millones que registraba a inicios de 2010. Este cambio radical se debe, en parte, a los movimientos de su anterior presidente, Hugo Chávez, quien nacionalizó activos de grandes petroleras como ConocoPhillips y Exxon Mobil. Con un nuevo régimen, los inversores esperan que Estados Unidos suavice estas sanciones para reactivar el flujo de capitales.
### La Dimensión de la Deuda y la Necesidad de Reestructuración
Los analistas advierten que la deuda externa venezolana asciende a aproximadamente 169.000 millones de dólares, equivalente al 173% del PIB. Este monto incluye diversas obligaciones, desde bonos soberanos hasta acuerdos bilaterales. Cualquier intento de reactivar la economía conllevará la compleja tarea de reestructurar esta deuda.
Los expertos sugieren que, para que la economía sea viable, se debe alcanzar un equilibrio entre la producción de petróleo, el crecimiento del PIB y la capacidad de pago de la deuda. Supongamos que Venezuela puede llegar a 2,5 millones de barriles diarios en 10 años, con el barril de crudo WTI a 60 dólares. En ese caso, los ingresos por exportaciones se elevarían de 10.000 millones a aproximadamente 29.000 millones anuales.
Sin embargo, el problema radica en que una porción mínima de estos ingresos estaría disponible para pagar la deuda. Históricamente, cuando los ingresos por exportaciones aumentaban, también lo hacían las importaciones, lo que resultaba en un flujo de dólares hacia el exterior. La alta costo de extracción del petróleo y la dependencia de insumos extranjeros complican aún más el panorama.
### La Necesidad de una Gran Quita
Las proyecciones indican que, aunque el PIB nominal podría duplicarse a 200.000 millones si se alcanzan esos niveles de producción, la deuda tendría que reducirse significativamente —probablemente en más de dos tercios— para ser sostenible. Con una tasa de interés del 12%, los ingresos generados por el petróleo solo permitirían sostener unos 54.000 millones en deuda, lo que representaría un 27% del PIB proyectado para 2036.
Los mercados ya anticipan cierta dificultad: aunque los bonos soberanos de Venezuela y PDVSA han tenido un leve repunte, su valor total de mercado apenas alcanza 21.000 millones, frente a los 66.000 millones que deberían recibir los acreedores. Esta situación sugiere que los inversores esperan una quita cercana al 79%, lo que podría beneficiarlos si se concretan negociaciones.
### Un Futuro Incierto
El camino hacia la recuperación es incierto. Aunque hay ejemplos de otros países, como Irak, que han logrado aumentar su producción, Venezuela enfrenta serias limitaciones. PDVSA, controlada por los militares, necesita inversiones y mejoras significativas, algo que podría no materializarse fácilmente.
Asimismo, el futuro depende de factores externos, como los precios del petróleo. Si estos cayeran por debajo de 40 dólares, los ingresos serían insuficientes para cubrir cualquier obligación de deuda. Incluso la reactivación del sector podría no garantizar resultados favorables para los bonistas.
Para que Venezuela vuelva a ser un competidor en el mercado de crudo, se requerirían precios que rondaran los 100 dólares por barril, como los que tuvo a inicios de la década de 2010. La situación política y económica del país, e incluso el camino hacia un equilibrio en su cuenta externa, hacen que las apuestas en este territorio sean arriesgadas.
En resumen, el futuro económico de Venezuela está en el aire y, aunque el renacer del interés de los inversores es un signo positivo, la realidad de la deuda y el contexto político plantean grandes desafíos.
