El Coworking ha surgido como un modelo de trabajo revolucionario que ha transformado la manera en que profesionales independientes, emprendedores y startups llevan a cabo sus proyectos. Aunque su auge se dio en los primeros años del siglo XXI, sus raíces se remontan a movimientos anteriores que promovían la colaboración y la comunidad entre mentes creativas.

En la década de 1990, surgieron los hackerspaces, espacios físicos donde apasionados por la tecnología y la creatividad se reunían para colaborar en proyectos conjuntos. Aunque no eran exactamente coworking en su forma actual, compartían principios fundamentales como la apertura y el intercambio de ideas.

Fue en 1999 cuando Bernie DeKoven, diseñador de videojuegos estadounidense, acuñó el término «coworking» en su libro «The New Old Game». Describió un espacio donde individuos con diversas habilidades y experiencias podrían trabajar de manera colaborativa, anticipando la revolución que se avecinaba en el mundo laboral. El hito que marcó el inicio formal del coworking fue en 2005, cuando el programador Brad Neuberg inauguró «The Hat Factory» en San Francisco, el primer espacio de coworking reconocido como tal. Este ofrecía escritorios compartidos, salas de reuniones y acceso a recursos tecnológicos, convirtiéndose en un imán para profesionales independientes y emprendedores ávidos de un entorno colaborativo.


El Coworking ha facilitado el inicio de negocios al permitir a emprendedores ahorrar costos en alquiler y otros gastos asociados con espacios de trabajo tradicionales. Más allá de las ventajas económicas, proporcionó un entorno propicio para la interacción entre startups, fomentando la cultura de colaboración y propiciando la generación de nuevas ideas e innovaciones. Su flexibilidad y la posibilidad de conectarse con una red diversa de profesionales han convertido este modelo en una opción cada vez más popular para aquellos que buscan independencia laboral y colaboración en sus proyectos.

El coworking se proyecta como un actor central en la evolución del mundo laboral, siendo una herramienta valiosa para la innovación y el crecimiento empresarial. Además, ha demostrado ser un impulsor fundamental para las startups, brindándoles ahorros en costos, acceso a recursos compartidos, oportunidades de networking y la posibilidad de establecerse en ubicaciones centrales y concurridas, aumentando su visibilidad y reconocimiento.

En la actualidad, más de 20.000 espacios de coworking en todo el mundo albergan al menos una startup, evidenciando el impacto significativo que ha tenido en el mundo empresarial. Airbnb, la exitosa startup estadounidense, es un ejemplo emblemático de cómo el coworking puede contribuir al éxito empresarial. En España, la tendencia es similar, con más de 1.000 espacios de coworking compartiendo su espacio con startups.

El Coworking no solo ha revolucionado la forma en que las startups abordan su trabajo, sino que ha dejado una marca indeleble en el panorama laboral global. Su futuro se vislumbra prometedor, siendo un espacio donde la gente trabaje, se conecte y cree, impulsando el progreso y la colaboración en el complejo entramado del mundo laboral.

Los datos y cifras respaldan esta revolución del coworking entre empresas y startups, confirmando su importancia en el mundo laboral moderno.

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