Valores. Todos charlamos de ellos, así sean éticos, morales, humanos, espirituales, económicos, etc. mas ¿cuánto de lo que charlamos practicamos?

Hace muchos años, en un viaje por la India, un líder espiritual me enseñó que el secreto para una vida feliz era sostener la congruencia entre los pensamientos, las palabras y las acciones. Una enseñanza acertada, poderosa y sabia, sin dudas. La congruencia es un valor de todos mas que poquísimos usan.

En los negocios, ser incongruente es una mala inversión y, en consecuencia, las compañías y sus ejecutivos se esmeran por ser y parecer congruentes. Pero algo falla en el proceso pues cuesta, y mucho, hallarla.

Desde el tradicional «El cliente del servicio siempre y en todo momento tiene la razón» hasta el más moderno » Vos estás primero», las compañías nos dulcifican los oídos tratando de persuadirnos que son capaces de perder plata con tal de vernos satisfechos.  Sin embargo, tras cada gigante declaración de amor al cliente del servicio hay una letra chavala oculta.

A nivel país sucede lo mismo. La ausencia de coherencia en todos y cada uno de los ámbitos de la sociedad es la base de la crisis.

Emprender permeando de valores como moral, moralidad, honradez, trasparencia, servicio, solidaridad, integridad, compromiso, conciencia ambiental e inclusión, entre otros muchos es preciso si deseamos edificar empresas sólidas y hacer un aporte positivo a la restauración de nuestra sociedad.

Si vas a emprender añade una dosis mayor de congruencia a cuanto hagas. Si tus pensamientos, palabras y acciones están alineados, tus probabilidades de éxito no solo van a ser mayores; asimismo van a ser prolongadas.

Feliz semana, feliz vida, felices emprendimientos

Marcelo Berenstein
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