El avance exponencial de la inteligencia artificial ha revolucionado diversos aspectos de nuestra vida, dotando a la tecnología de capacidades que facilitan y optimizan nuestras tareas cotidianas. Sin embargo, detrás de este progreso se esconde una preocupación creciente: el elevado consumo energético de la inteligencia artificial y su impacto en el medio ambiente.

La creciente demanda energética de la IA

Una investigación de la Agencia Internacional de Energía (AIE) revela que se prevé un aumento significativo en el uso de energía asociado a la inteligencia artificial, el cual podría multiplicarse por 10 entre 2023 y 2026. Esta proyección sitúa a la IA como uno de los principales actores en el consumo global de energía en un futuro cercano.

La llegada de potentes modelos de IA como ChatGPT plantea un desafío adicional, ya que se estima que solo esta tecnología podría consumir 10 TWH por año. Este incremento en el uso energético superaría con creces el consumo asociado a Bitcoin y otras criptomonedas.

El contraste con el consumo de Bitcoin

Si bien el consumo energético de Bitcoin (BTC) ha sido objeto de críticas, el informe de la AIE sugiere que la AI podría superar significativamente el impacto de la criptomoneda en términos de demanda energética. En 2023, Bitcoin consumió 120 TWh, representando aproximadamente el 92,30% del consumo total de energía en el sector de las criptomonedas.

Según las proyecciones, se espera que los centros de datos relacionados con la IA alcancen los 840 TWh en 2024, lo que equivale a 5,25 veces el consumo de Bitcoin y otras criptomonedas para 2026. Este contraste resalta la magnitud del desafío que representa la expansión desenfrenada de la inteligencia artificial en términos energéticos.

El dilema del desarrollo sostenible

Ante este panorama, surge la necesidad de balancear el avance tecnológico con la preservación del medio ambiente. La transición hacia fuentes energéticas renovables y la optimización de los procesos de la inteligencia artificial se perfilan como aspectos fundamentales para mitigar su impacto en el consumo de energía.

En definitiva, el uso masivo de la inteligencia artificial representa un innegable avance para la sociedad, pero requerirá un enfoque consciente y sostenible para gestionar su demanda energética y garantizar un futuro equilibrado para las próximas generaciones.

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