Durante una década, Europa miró a Silicon Valley como referente único. Hoy, los fundadores escriben otro guion.
Las rondas de inversión exigen flujo de caja positivo, equipos pequeños y márgenes defendibles. El unicornio ya no se mide por valoración, sino por eficiencia.
En este reportaje analizamos cuatro casos: una fintech madrileña que se hizo rentable con 14 personas, una SaaS berlinesa que rechazó una Serie B, un marketplace lisboeta y una startup de IA en Barcelona que opera con bootstrapping.
La conclusión es clara: el capital paciente vuelve y la disciplina financiera es ahora la mejor forma de innovar.