“No invierto por miedo a perder más de lo que tengo, aunque sé que si no hago nada, mi dinero pierde valor. Me inquieta que los precios sigan subiendo y mi saldo en el banco se mantenga igual”, confiesa Iratxe, una joven de 30 años que representa el dilema de millones de españoles: el temor a invertir frente a la certeza de que dejar el dinero inactivo reduce su poder adquisitivo. Aunque nunca ha dado el salto a la inversión, se siente preocupada por el manejo de sus ahorros y su situación financiera. “A veces he pensado en invertir, pero mi falta de conocimiento me frena. Prefiero moverme en productos de bajo riesgo, como cuentas remuneradas, porque así tengo el control desde el banco, que es lo más sencillo”.
### Ahorros inmovilizados y la batalla contra la inflación
Este temor a invertir se traduce en una tendencia general entre los ciudadanos: mantener sus ahorros en cuentas bancarias, donde los hogares españoles acumulan más de un billón de euros en depósitos que apenas generan rendimientos. Según datos del Banco Central Europeo, la remuneración media de los depósitos a la vista en España es de solo un 0,14% anual, mientras que los depósitos a plazo ofrecen un escaso 1,6%. Estas tasas son prácticamente irrisorias si se comparan con una inflación que alcanzó el 2,9% en diciembre. Al cierre de 2025, según el Banco de España, más de 1,08 billones de euros permanecen estancados en productos de ahorro ultraconservadores.
Con un ejemplo claro, si una persona tiene 50.000 euros en una cuenta sin interés y la inflación es del 3%, al final del año habrá perdido alrededor de 1.500 euros en poder adquisitivo aunque no verá esos 1.500 euros desaparecer de su saldo. Si el capital fuera mayor, como 100.000 euros, la depreciación en términos reales ascendería a 3.000 euros anuales.
### El costo de la seguridad
Pilar, una mujer de 57 años, se refleja en esta situación. “Ahorrar ya no es tan eficiente. He considerado invertir, pero no tengo educación financiera y temo perder mi dinero. Si hubiera un producto seguro que me garantizara una rentabilidad, podría interesarme, pero la falta de comprensión me frena”. A lo largo de su vida ha confiado en el ahorro tradicional, considerándolo un refugio seguro, aunque ahora reconoce que esa supuesta seguridad tiene un precio.
Rafael Pampillón, consejero del Colegio de Economistas de Madrid, señala tres riesgos clave: la pérdida de poder adquisitivo por mantener grandes ahorros sin remunerar, la presión comercial que puede dirigir a los ahorradores hacia productos inadecuados, y la excesiva concentración en liquidez que limita la rentabilidad.
La realidad es que para no perder dinero, es necesario encontrar una rentabilidad que al menos cubra la inflación. Sin embargo, en España, la aversión al riesgo está muy arraigada. La mayor parte del ahorro se destina a cuentas y depósitos, quedando en los fondos de inversión menos de la mitad de lo que se tiene en cuentas bancarias. Este fenómeno se intensifica cuando hay correcciones en el mercado, que pueden hacer caer abruptamente el patrimonio de inversión.
### El camino hacia la educación financiera
A nivel europeo, la situación es semejante. La Comisión Europea ha advertido durante años que una parte considerable del patrimonio de los ciudadanos se mantiene en depósitos de bajo rendimiento. Actualmente, los europeos acumulan cerca de 10 billones de euros en cuentas y depósitos de baja remuneración. Para combatir este desajuste, Bruselas ha propuesto las Cuentas de Ahorro e Inversión (SIA), una herramienta diseñada para facilitar la inversión a pequeños ahorradores.
Recientemente, España ha mostrado interés en implementar este modelo. El Ministerio de Economía está llevando a cabo una consulta pública para definir sus características, que permitirían a los ciudadanos combinar diferentes instrumentos financieros bajo un marco común y con costes previsibles. La propuesta busca no solo simplificar el proceso de inversión sino también movilizar recursos hacia la economía europea.
En este escenario, es crucial que las entidades bancarias reconsideren su oferta y propongan productos alineados con un perfil de ahorrador menos arriesgado, brindando también mayor claridad sobre cómo la inflación afecta a sus ahorros.
Por último, la educación financiera sigue siendo un reto pendiente. A pesar del reciente interés por productos de ahorro e inversión tras el aumento de tipos de interés del BCE, muchos ciudadanos carecen de conocimientos básicos sobre conceptos como inflación o rentabilidad. Esto ha llevado a mantener una gran cantidad de dinero inactivo en cuentas, perdiendo valor diariamente.
Es fundamental que la educación financiera y la oferta bancaria evolucionen para que el ahorrador español pueda sentirse seguro y motivado a dar el próximo paso hacia la inversión.
