En la novela El buscavidas de Walter Tevis, el protagonista Eddie Felson, interpretado por el inolvidable Paul Newman en su versión cinematográfica, experimenta la frustración tras perder un intenso duelo de billar de 40 horas contra Minnesota Fats. En medio de su desánimo, se encuentra con su futuro mentor, Bert, quien no duda en calificarlo como el mejor jugador que ha visto. La respuesta de Eddie, “¿Entonces, por qué perdí?”, resuena profundamente en el ámbito de las inversiones. Bert lo aclara: “El carácter”.
La diferencia entre buenos y grandes inversores
Al igual que en el mundo del billar, la diferencia que separa a los buenos inversores de los realmente excepcionales radica en su carácter. Aunque es innegable que contar con una sólida base técnica es esencial—lograda tras horas de estudio y experiencia—en niveles avanzados, lo que realmente marca la pauta es cómo afrontan el riesgo y cómo sostienen sus convicciones cuando el mercado parece jugar en su contra.
Reinterpretando el riesgo
Los inversores exitosos tienen una perspectiva del riesgo que difiere significativamente de la comúnmente aceptada. En el ámbito financiero, la volatilidad suele interpretarse como un indicador de riesgo. En esta industria, todos evaluamos el riesgo junto a la rentabilidad, estableciendo un punto en la curva de rentabilidad-riesgo. Sin embargo, una comprensión más profunda revelaría que el verdadero riesgo no es la fluctuación de los precios, sino las pérdidas permanentes de capital.
La clave está en reconocer que la volatilidad puede ser un aliado valioso. A través de un análisis perspicaz, los mejores inversores identifican negocios que, además de aumentar el capital, minimizan el riesgo de pérdidas permanentes. Esta mentalidad, que ve las oscilaciones como oportunidades para adquirir activos a precios atractivos, es fundamental.
La enseñanza de la experiencia
Morgan Housel lo expresa de manera sencilla: la volatilidad es el precio a pagar por los altos rendimientos. Cuanto más alto sea este precio que estemos dispuestos a abonar, mayores serán las recompensas. Pero esa carga emocional puede ser pesada; las caídas del mercado pueden hacernos cuestionar nuestras convicciones. Este es un desafío especialmente grande cuando se gestionan fondos de clientes, y el peso de la responsabilidad puede crear tentaciones de abandonar los principios.
Un claro ejemplo de carácter en inversiones es Warren Buffett. A sus 95 años, su capacidad para ignorar la volatilidad y entender el verdadero riesgo le ha permitido tomar decisiones que desafían al consenso, como adquirir bancos en 2009, cuando nadie se atrevía a hacerlo. Actualmente, mantiene un nivel de liquidez sin precedentes en Berkshire Hathaway, resistiendo la tentación de participar en un mercado sobrevalorado.
Inversores excepcionales en España
No es necesario cruzar el océano para encontrar inversores de gran calidad. España cuenta con varios ejemplos de profesionales que llevan más de 20 años logrando rentabilidades sobresalientes. La longevidad en este sector no se obtiene solo a través de habilidades técnicas; se requiere una fortaleza especial para lidiar con las crisis del último cuarto de siglo.
Dadas las condiciones actuales, donde el panorama de productos financieros puede parecer deslumbrante y desproporcionado, tal vez sea el momento de que los inversores indaguen más a fondo sobre la trayectoria de los gestores. Es crucial entender no solo sus decisiones, sino también su carácter.
En el mundo de la inversión, las modas y la volatilidad son transitorias, mientras que el carácter perdura. La próxima vez que te enfrentes a una nueva oportunidad de inversión, recuerda que la esencia de un gran inversor no se mide solo en cifras, sino en su capacidad para permanecer firme frente a la adversidad.
