El término “Woke 3.0” ha emergido en el contexto actual de transformación política y cultural, especialmente tras las recientes elecciones de medio término en EE.UU. Este concepto ha sido utilizado para describir una evolución del activismo que comenzó a tener eco durante la pandemia y que ganó fuerza después del asesinato de George Floyd. Figuras políticas, como la representante Alexandria Ocasio-Cortez, han comenzado a distanciarse de algunas expresiones de este progresismo, señalando que la primera fase de este movimiento resultó extrema.
En las redes sociales, la conversación en torno a Woke 3.0 ha estado marcada por una mezcla de humor y crítica hacia los pronombres y el uso de inteligencia artificial. Aunque la discusión pueda parecer superficial, refleja un cambio en el enfoque hacia la diversidad, equidad e inclusión (DEI) en los espacios laborales. Tras el 2020, muchas corporaciones, incluidas grandes nombres como Microsoft y Meta, comenzaron a tomar en serio sus compromisos con DEI, invirtiendo millones de dólares en iniciativas de diversidad.
Sin embargo, con el paso del tiempo y un cambio en el clima político, estas inversiones comenzaron a declinar. A medida que el interés público por la justicia racial se desvaneció, muchas empresas optaron por reducir sus programas DEI. Esto fue especialmente evidente tras la administración de Trump, que implementó una serie de acciones contra DEI y eliminó las exigencias de acción afirmativa para contratistas federales, entre otras medidas que debilitaron estas iniciativas.
Un análisis retrospectivo sugiere que muchas de estas empresas nunca estuvieron realmente comprometidas, habiendo dado prioridad a una imagen pública pro-Diversidad sin el respaldo estructural necesario para realmente implementar estos cambios. Como ha indicado la experiencia de varios líderes DEI, el agotamiento se hizo evidente al enfrentarse a una resistencia constante frente a sus esfuerzos.
El Futuro de DEI en la Era de Woke 3.0
El futuro está lleno de incertidumbre respecto a la revitalización de DEI en el lugar de trabajo. Los efectos de las políticas enérgicas de la administración anterior han dejado una huella notable que no se revertirá fácilmente. La administración de Trump tomó varias decisiones que han obstaculizado programas de diversidad en el gobierno federal y han debilitado la autoridad de la Comisión de Igualdad de Oportunidades en el Empleo (EEOC). Bajo la dirección de Andrea Lucas, la agencia se ha centrado en debilitar los programas de DEI y ha cuestionado la recolección de datos demográficos laborales.
Asimismo, se plantea la interrogante sobre el interés actual de las empresas en las iniciativas DEI. Aunque algunas han continuado sus esfuerzos de manera discreta, renombrando estas actividades como «pertenencia», muchas otras podrían haber despriorizado o incluso abandonado estos objetivos por completo. En un entorno donde la inteligencia artificial está recibiendo una atención creciente, las iniciativas de DEI podrían ser vistas como una carga en tiempos de reestructuración y despidos organizacionales, donde los roles en recursos humanos y DEI a menudo son los primeros en recortarse.
Como resultado, Woke 3.0 podría representar no solo un cambio cultural, sino también un desafío significativo para los líderes de DEI, quienes seguirán luchando para posicionar su trabajo como prioridad en un mercado laboral en constante evolución y bajo presión por la automatización y la tecnología emergente.
