La reciente muerte de Maricarmen Abascal ha provocado una masiva manifestación en Madrid, donde miles de personas se han reunido para rendir homenaje a su memoria y luchar por el derecho a la vivienda. Maricarmen, quien falleció en el Hospital Gregorio Marañón tras complicaciones derivadas de un desahucio, se convirtió en un símbolo de resistencia contra la injusticia habitacional.
Según información proporcionada por fuentes oficiales, aproximadamente 20,000 manifestantes respondieron a la convocatoria del Sindicato de Inquilinas, exigiendo mejoras en las políticas de vivienda y recordando la situación crítica que enfrentó Maricarmen. A su llegada a la vivienda donde habitó durante 71 años, los participantes llevaron a cabo un emotivo minuto de silencio alrededor de un altar improvisado, decorado con flores y velas.
Durante la marcha, que comenzó en la emblemática estatua de El Oso y el Madroño, los asistentes mantuvieron un tono solemne, pero en determinados momentos, expresaron su indignación con voces de protesta. Gritos como «Urbagestión, asesinos» resonaron en el aire, en clara alusión al fondo inversor responsable de la adquisición de su vivienda. Además, la portavoz del Sindicato, Alicia del Río, subrayó la responsabilidad de los especuladores y de aquellos en el poder que perpetúan leyes que facilitan este tipo de injusticias.
La vocal del Sindicato destacó la valentía de Maricarmen, describiéndola como una defensora incansable de los derechos de todos. La comunidad la reivindicó como un símbolo de lucha y resistencia, un «amuleto» contra la resignación que representa la difícil realidad del desalojo para muchas personas en la actualidad.
En el transcurso de la manifestación, los presentes no solo conmemoraron a Maricarmen, sino que también recordaron a otras personas que han sufrido desahucios. El Sindicato de Inquilinas mencionó varios nombres, subrayando la necesidad de seguir luchando para evitar que se repitan estas tragedias. La creciente crisis de la vivienda en España ha llevado a muchas familias a situaciones extremas que resultan en la pérdida de sus hogares, y voces como la de Maricarmen exigen un cambio radical en las políticas existentes.
Al llegar a la calle Alcalde Sainz de Baranda, donde se encontraba la vivienda de Maricarmen, los manifestantes realizaron un segundo minuto de silencio, ahora con las linternas de sus móviles encendidas, en un acto simbólico de recuerdo y resistencia. «No permitimos, ni un desahucio más», proclamaron, asegurando que la lucha por los derechos habitacionales seguirá firme y sin descanso.
La manifestación concluyó ante el Palacio de Cibeles, donde se intensificaron los gritos contra las autoridades, clamando por justicia y un cambio real en la forma en que se gestionan los derechos de vivienda en la capital y el país. El eco de estos reclamos resuena como un llamado a la acción, evidenciando una creciente conciencia y movilización social en torno a un problema que afecta a tantos.
