El Papa ha iniciado su segundo día en Francia con una visita emblemática a la Maison Bakhita, un centro dedicado a apoyar a migrantes en el distrito XVIII de París, conocido por su alta concentración de extranjeros. Este gesto resuena especialmente en el contexto político actual, marcada por la creciente influencia del partido de ultraderecha Reagrupamiento Nacional. Sin embargo, su discurso se ha caracterizado por una cuidadosa moderación, probablemente para no intervenir directamente en el agitado debate político del país previo a las elecciones presidenciales de 2027.
La Maison Bakhita, inaugurada en 2021, proporciona asistencia a migrantes, en su mayoría de África subsahariana, ofreciendo clases de francés y formación profesional en áreas como sastrería y carpintería. Este centro ha asistido a aproximadamente 2,500 personas desde su apertura y atiende a unas 150 diariamente. Durante su visita, el Papa destacó la importancia de reconocer la dignidad de los más vulnerables y hacer un llamado a liberar a aquellos que son tratados como invisibles en la economía actual.
Las palabras del Papa, aunque persuasivas, eludieron términos como «inmigración» o «extranjero», sugiriendo un enfoque deliberadamente diplomático y sensible al laicismo que caracteriza a Francia. En este primer acto de la jornada, el Pontífice enfatizó la necesidad de construir comunidades más unidas, en contraposición a una cultura que, muchas veces, promueve el aislamiento y la soledad.
Testimonios de superación y esperanza
La visita del Papa al centro no solo fue significativa a nivel institucional, sino que también puso de relieve impactos personales de los migrantes. Meysam, un sastre afgano que llegó a Francia en 2015, compartió su experiencia sobre cómo el apoyo recibido le permitió obtener el estatus de refugiado y encontrar un empleo. Esto subraya el papel importante que juegan organizaciones de caridad en la vida de quienes buscan refugio y oportunidades.
Otra historia conmovedora fue la de Blessing, quien, tras enfrentar diversas dificultades al llegar a Francia, encontró en estas asociaciones el apoyo necesario para reconstruir su vida. La colaboración entre múltiples organizaciones está enfocada en ofrecer alternativas a situaciones extremas como la prostitución y la vida en la calle.
Posteriormente, el Papa visitó el Instituto Católico de París, un establecimiento educativo con más de 11,000 estudiantes, donde también reflexionó sobre la historia trágica que marcó el lugar, recordando a los clérigos y laicos asesinados durante la Revolución Francesa.
En esta visita, León XIV también expresó su asombro por el incremento del interés en la fe cristiana en Francia, con más de 21,000 adultos que solicitaron el bautismo en Semana Santa, un incremento del 26% respecto al año anterior. Esto se remarca como un signo del trabajo de la gracia divina en un entorno social altamente secularizado.
En esencia, la gira del Papa por Francia no solo simboliza un acto de fe, sino también un reconocimiento de los retos contemporáneos que enfrenta la sociedad, abogando por una mayor inclusión y dignidad para todos, en un contexto donde el debate sobre la migración y la identidad cultural continúa siendo crucial.
