Las recientes elecciones legislativas en Marruecos han puesto de manifiesto un preocupante desinterés por parte del electorado, reflejándose en una baja tasa de participación que alcanzó solo el 38,02%. Este dato se compara con la abrumadora deserción de hace cinco años, donde un 62% del censo decidió no acudir a las urnas. Según fuentes oficiales, esta situación se da en el contexto de un censo electoral en el que 17,5 millones de ciudadanos estaban habilitados para votar, de un total de 38 millones de habitantes del país.
Desde el inicio de la campaña, el clima electoral ha carecido de dinamismo, lo que contribuyó a la falta de interés entre los votantes. En colegios electorales como el liceo Hasán II de Rabat, las colas eran prácticamente inexistentes. Observadores presentes notaron que, durante la tarde, solo un cuarto de los inscritos había ejercido su derecho al voto. Este desinterés se acentuó, especialmente entre la juventud, que representa apenas el 4% del censo electoral, lo que es alarmante considerando el aumento de la desilusión respecto a las promesas de inclusión y oportunidades laborales.
Análisis del Desinterés Electoral
La baja afluencia ha sorprendido a muchos comentaristas, dada la incertidumbre que históricamente rodea a estos comicios. La Alianza de Izquierda, que en el pasado solo logró un escaño, denunció irregularidades que podrían haber contribuido a desconfianzas en el proceso electoral, incluyendo la presencia de papeletas fuera de las mesas y la prohibición de acceso a observadores.
A pesar de la sombra de desconfianza, las campañas electorales se enfocaron en abordar temas económicos cruciales. Los principales partidos han prometido elevar el salario mínimo a 5.000 dirhams mensuales y crear un millón de empleos netos antes de 2030. Sin embargo, estas promesas parecen no haber resonado con un electorado que manifiesta un creciente desapego de la clase política. El Banco Mundial destaca que Marruecos enfrenta un déficit de 370.000 empleos anuales, un dato que presiona aún más sobre un Gobierno que busca gestionar un programa de inversiones de 20.000 millones de euros, impulsando las infraestructuras para el Mundial de Fútbol 2030, coorganizado con España y Portugal.
Con la incertidumbre que rodea el futuro político del país, el rey Mohamed VI se encargará de designar a un nuevo primer ministro entre las fuerzas políticas más votadas, con la expectativa de que se forme un Gobierno de coalición. Este momento clave podría significar un cambio, no solo en la gestión política, sino también en la posibilidad de abordar de forma efectiva los problemas de desempleo y descontento social que han marcado la agenda nacional. Sin embargo, la falta de compromiso del electorado sugiere que este cambio puede ser más complicado de alcanzar de lo que se esperaba.
