El crecimiento empresarial se ha convertido en un objetivo prioritario para muchos emprendedores, pero esta búsqueda puede transformarse en una trampa si no se evalúa adecuadamente. A menudo, los empresarios celebran el aumento de sus ingresos sin considerar si este crecimiento realmente se traduce en beneficios para ellos. La pregunta fundamental que debería plantearse es: ¿realmente está mejorando su situación financiera?
No es raro encontrar casos de empresarios que logran duplicar el tamaño de sus negocios sin experimentar un aumento proporcional en sus ingresos personales. En muchos casos, terminan trabajando más horas, gestionando más personal y asumiendo un mayor riesgo, sin que su remuneración mejore significativamente. Así, lo que en esencia debería ser un crecimiento se convierte en una simple expansión que, en términos económicos, puede resultar costosa.
La trampa de los ingresos
El enfoque casi obsesivo en la generación de ingresos es evidente. Según encuestas recientes, un gran porcentaje de los propietarios de pequeñas empresas anticipa un aumento en sus ganancias, mientras simultáneamente reconocen que factores como la inflación representan un reto significativo. Este enfoque puede llevar a los emprendedores a buscar nuevos clientes frenéticamente, ignorando el hecho de que los costos asociados con la entrega de esos servicios también están en aumento.
Un ejemplo ilustrativo es el de un propietario de una agencia de relaciones públicas que, tras aumentar su facturación de 1 millón a 1.8 millones de dólares, se dio cuenta de que su ingreso neto permanecía prácticamente igual. A pesar de la considerable expansión de su negocio, se vio abrumado por el aumento en el número de empleados y la complejidad operativa. Esta situación plantea la cuestión esencial: ¿qué valor real tiene ese crecimiento si no aporta mayores beneficios al propietario?
¿Bigger siempre es mejor?
Crecimiento y productividad son conceptos distintos. Un informe del McKinsey Global Institute indica que las pequeñas y medianas empresas en EE. UU. operan con una productividad notablemente inferior en comparación con las grandes corporaciones. Esta diferencia resalta que el tamaño de una empresa no siempre se traduce en un mejor rendimiento económico. El objetivo no debería ser simplemente hacer crecer el negocio, sino maximizar lo que se produce con el tiempo, capital y esfuerzo invertido.
Es crucial no perder de vista el impacto total que tiene un nuevo contrato o cliente en la empresa. Cada nueva oportunidad puede parecer atractiva, pero es fundamental evaluar sus costos asociados y la carga de trabajo adicional que implica.
Calcular el costo real del crecimiento
Los emprendedores suelen simplificar el cálculo del crecimiento, centrando su atención en los costos directos. Sin embargo, este enfoque puede ser engañoso, ya que implica considerar diversos factores, tales como la necesidad de nuevos gerentes, la implicación del fundador en las operaciones y el aumento de la complejidad organizacional. Estos aspectos, aunque menos visibles, pueden transformar una operación rentable en una máquina que requiere constantes esfuerzos de gestión.
Por ello, antes de buscar nuevas oportunidades de ingreso, es prudente calcular lo que se denomina el costo totalmente cargado del crecimiento. Este análisis debe incluir personas, gestión, tecnología, financiamiento y el impacto de la complejidad operativa.
Aplicar la prueba del crecimiento saludable
Al evaluar nuevas oportunidades, es esencial llevar a cabo lo que se podría llamar la prueba del crecimiento saludable. Esta implica cuatro preguntas clave:
1. ¿Aumenta el beneficio?
Es vital no solo centrarse en los ingresos, sino también en lo que queda realmente después de considerar todos los costos de la operación.
2. ¿Fortalece el negocio?
El crecimiento óptimo debería generar beneficios a largo plazo, como ingresos recurrentes o una posición sólida en el mercado.
3. ¿Reduce o aumenta la dependencia del fundador?
Crecimientos que aumentan la carga sobre el fundador pueden limitar la capacidad de expansión sostenible en el futuro.
4. ¿Me acerca a mis metas reales?
Cada empresario tiene objetivos distintos, y adoptar la visión de crecimiento de otros puede desviar a uno de su propio camino.
Cambiar la forma en que medimos el éxito
Es fundamental seguir monitorizando los ingresos, pero sin olvidar otros indicadores que son igualmente importantes: márgenes de beneficio, ganancias del propietario, ingresos predecibles y el valor del negocio. A menudo, se pasa por alto el tiempo que el propietario debe invertir en el negocio, y este debe ser tratado como parte de su retorno de inversión.
Finalmente, el crecimiento empresarial no es el enemigo. La verdadera adversidad radica en un crecimiento no analizado que pueda llevar a los emprendedores a operar bajo falsas expectativas. La clave está en saber qué oportunidades merecen ser perseguidas y cuáles pueden representar simplemente una sobrecarga de trabajo.
